lunes, 1 de mayo de 2017

Algo que contar



36 años, tu edad. En silencio, con todo por contar, o casi. Y solo frente al espejo, en una desapacible tarde de otoño, un hombre vestido con ropas de mujer: el cabello largo, algo más rizado que lo tenías tú, el rostro apenas maquillado y una blusa verde a juego con la mirada.
Porque quería verte, volver a verte de nuevo. Pero no, mamá, tú eras mucha mujer y yo soy un hombre de los pies a la cabeza sin el más mínimo atisbo de feminidad en mis rasgos o maneras.
Allí de pie, mirando el reflejo grotesco y ajeno, absurdo hasta decir basta, que indolente me devolvía el cristal de aguas mansas y profundas, supe de inmediato donde nunca más te buscaría.
Me senté desnudo en un rincón, con el maquillaje corrido por las lágrimas, el corazón encogido, y comencé a escribir, a escribirte.
Aún no he parado.


acróbata


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