martes, 25 de agosto de 2015

Qué barbaridad.




Del calor y la humedad
se quejan
este mismo verano.

Dicen:
qué barbaridad, ni de noche
ni de día
imposible descansar.

Y venga a sudar. Y venga a sudar.

Yo también sufro
de insomnio.
Mas no sólo este verano
ojalá
puedo asegurarlo.

Una estrecha litera, ahí abajo
en un agujero oscuro
con efluvios a gasoil, aceites
y humanidad.
En alta mar, casi pegado a una máquina
que rugía a pleno pulmón
tirando de un barco
siempre navegando cuesta arriba.

Y yo tan campante:
cómo dormía si tenía un rato libre
de no estar en cubierta.

Quizá el cansancio extremo.
Tal vez la paz
de saberme válido.






acróbata



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