miércoles, 22 de julio de 2015

Epílogo (fragmento).




      Media tarde. Mundo en calma. Y ya algo pasada la hora de la merienda. Qué hambre me está dando.
      Abres los ojos, cerca, muy cerca de los míos. Y ahí su brillo ámbar, el inconfundible espejo donde caigo, me sumerjo y contemplo el cielo.
      Te desperezas, echas tus brazos por mi cuello. Me hablas de un sueño, de esa luz y de un atardecer reciente, donde río abajo, dejándonos llevar por la corriente, ambas orillas del Sena, puente tras puente, iban saliendo perezosas a nuestro encuentro en su deseo de acompañarnos en el paseo.
      Te beso, largamente. Es un beso dulce, dulce, como de café con leche doble de azúcar y crema. Uno de los que alimenta.
      —¿Sabes?, en tus labios también está París. Tu boca: húmeda, redonda, exacta, cada poco me lo recuerda.
      Sonríes. Y me invitas a seguir recordando.





acróbata




2 comentarios:

  1. Ay, ese capítulo siete...
    Besos, Acróbata.

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  2. Siempre Rayuela. Siempre París. Obrando, en el pensamiento.

    Besos, Magda.

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