jueves, 9 de julio de 2015

Dia 2 (fragmento II)



      Buscar tus ojos, sellar tus labios y como el náufrago que pugna por su salvación, beber los vientos que manan de tu boca. Río arriba, a contracorriente por la senda oscura y fría que es el Sena, en la tarde que declina roja y ventosa, celebrando también el instante sin cielo.
      Porque lo extraordinario en París no es besarse, esto sólo alcanza para un verso más del poema. Y qué mejor que sacar provecho de los paréntesis de piedra y hierro, de madera e historia, que puente tras puente, nos brinda la ciudad que de la luz hace poesía.
      Nos recorre un escalofrío como pez vivo por la espalda, quizá el soplo del norte, o la humedad que empapa las orillas huérfanas de sol, tal vez la cercanía de la noche y sus carros de estrellas azules, pero no, tú y yo sabemos que no: bajo los arcos que coronan nuestro paso, en ese breve instante de sombra y pestañeos, a resguardo de casi todo, es cuando más se estremece mi piel y tu carne, tu deseo y mis ganas. Y no de frío, precisamente no de frío.





acróbata




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