martes, 30 de junio de 2015

Día 5 (fragmento)





      Pude, pudimos haber ido a visitar la tumba de Don Julio, enormísimo cronopio. Y ya de paso la de: Baudelaire, Sartre, Becket, Vallejo...Por la misma puerta del cementerio de Montparnesse pasamos, tanto el día de nuestra llegada, con algo más de prisa por seguir rumbo a nuestro primer destino ―hotel , dulce hotel―, como esta tarde, que ya de retirada paseamos tranquilos camino de la despedida, del bus que nos llevará a Orly, lugar de alas y altos vuelos. Pero si no creo en ese tipo de homenajes póstumos y no visito la única tumba que me sigue doliendo, que me quiebra, que me rompe, a pesar de lo mucho que ha llovido desde que fue ocupada por los restos de quien me dio la vida, cómo continuar la tradición tan típica y parisina entre los que se honran de haber seguido el juego de saltar de capítulo en capítulo por Rayuela. No, soy un hombre de convicciones, que no de ideas fijas. Cortázar, y tantos otros, están en sus letras, en mi memoria, en la de tantos. Y allí, bajo aquella lápida tan visitada: polvo, polvo, ya nada.
      Y cada vez que siento la necesidad de escucharles, de saber de ellos: los leo. Porque muere el cuerpo, se pierde la carne, pero no la obra. Ay, la obra, esa, si merece la pena, permanece, les sobrevive, sigue dándoles un lugar aquí: en tierra de dolor y alegrías, de manos que crean y ojos que los elevan.
      Gracias, en mi camino hacia igual destino, me acompaña lo mucho que sembraron en mí. Muchos de manera inconsciente, ella sabiendo lo que se hacía. Eso quiero creer.





acróbata


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