lunes, 20 de abril de 2015

La magia de lo sencillo.




      Y con su voz: lejana, lejana a oleadas, como cantos de sirena, arribando desde la cocina a este mi pequeño puerto de sueños que es la cama, despertar tras toda una noche durmiendo de un tirón. Un café con leche: dulce, dulce como ese beso primero de buena mañana nacido de sus labios, con una galleta, príncipe, rellena de crema de cacao.

      Después, tres largas horas de bicicleta. Carretera, pedales, día soleado, ligera brisa de levante y el mar a un costado: brillante, azul, espejo del cielo primaveral. Nadie, yo, a solas, kilómetros y más kilómetros conmigo mismo y con mi pensamiento. De regreso a casa una ducha rápida, calentita, jabonosa y con sorpresa al final manguerazo de agua helada para despejarme y quedar bien fresco. Y ya en la mesa, a su lado: ensalada, lomo a la plancha, tortilla de espárragos y un par de vasos de cerveza. Conversación tranquila, sin prisa, algún gato esperando que le de a probar algo de lo que como esto ya es tradición familiar. Y de postre un par de onzas de chocolate negro.

      Un rato de lectura adiós, Cioran. Hola, Anais, una ligera cabezada de media hora o quizá un poco más. Despertar sin ruidos con esto que ahora escribo en mente. Y no resistirme: escribirlo. Ahora me haré un café solo y continuaré con la tarde, que no sé qué me deparará: intentaré que no se me estropee el día, por mí no va a quedar.

      Si esto no es el Paraíso, cuánto se le parece. Y en lunes, para que luego se quejen de ellos. Sí, hoy mucho mejor que ayer y que antes de ayer. Dónde va a parar. Y no por nada en especial. Qué sencillo parece ser feliz.





acróbata


No hay comentarios:

Publicar un comentario