miércoles, 29 de abril de 2015

El deseo es un caballo desbocado de sal y labios.





      Las olas, en una tarde cualquiera de furia, sobre las piedras. Y arriba espumas y salitres, pequeños seres de luz y color, arco iris que soñadores danzan imitando la estela que atrás deja el vuelo impar de las aves.
      ¿Hay algo más rompedor e indómito, que tus ojos en mis ojos, mientras galopan corceles blancos acercándose a su último salto?
      Arrimarse a la rompiente: azul el cielo, inmenso el horizonte, perder la noción del tiempo y sus riendas, y morir en tus labios como lo que siempre fui: una gota de sal buscando lo más dulce de este mundo. Y como grito al viento el relincho de un aliento que muerde tu cuello.
      Ya arribará la calma, viejo galeón, con sus velas caídas y tocado de muerte, que apacigüe al mar y a sus levantes, cuando la noche sea larga y oscura, abril pierda la magia de ser celebrado. Y nosotros, ya fríos, sólo seamos olvido.
      El deseo es un caballo desbocado de sal y labios. Quién lo duda. Quién no vuela cuando las alturas dejan de ser tentación. Y se sucumbe al vértigo.






acróbata


2 comentarios:

  1. La mar.... qué tendrá la mar.
    Besos, acróbata.

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  2. Magia!! Agua, sal, misterio y magia...

    Besos, Magda.

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