viernes, 3 de abril de 2015

Condenada a repetirse, la Historia. Ya se encarga el Hombre.





   El suceso extraordinario de hoy es que Jesús, cansado de tanto Viernes Santo, en una de las muchas paradas de la procesión, ha aprovechado para apearse de la cruz, quitarse la corona de espinas, dejarla a un lado, y de un salto, bajarse del trono.

   Apenas si ha dado explicaciones ante la mirada atónita de la gente. Lo único, y por respeto a los presentes, que ha dicho, mientras echaba a caminar, es:

   Ya está bien, cansinos, que sois unos cansinos. Ahí os quedáis, vosotros y vuestra sed morbosa de matarme cada año.
  
   Pobre, no ha ido muy lejos. Enseguida, gracias a los gritos de un cofrade algo besucón y pesetero, ha reaccionado un grupo de valientes vestidos de romanos. Y en un visto y no visto, han vuelto a prenderlo. Y ahora, después de auparle de nuevo a su sitio, por fin ha vuelto a echar a caminar la procesión. Por supuesto que no han faltado los vítores y las expresivas muestras de aprobación de la concurrencia. El jefe de gobierno también asiente y aprovecha para limpiarse las manos con un pañuelo. Incluso, una vez arriba, ya bien clavado de nuevo al madero, algún que otro espontáneo de buena voz, se arranca y le canta una saeta. Cuánta emotividad, Dios mío. Se le saltan las lágrimas a la concurrencia. Y ahí va el cortejo, como un río, siguiendo su curso.

   No está escrita la Historia para ir cambiándola así porque así por un simple capricho. Faltaría más.






acróbata


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