jueves, 12 de marzo de 2015

Sin título.





No es más fuerte
el de físico más desarrollado.
La rabia iguala eso
y lo supera, con creces.
Quién lo duda.

Qué escándalo: sangre.

Y entre juego y juego
en lo alto del cabezo molino
(descampado llenito de piedras
y restos afilados de ladrillo)
la pelea por una partida de trompos.

Y ellos:
cojo
maldito cojo de mierda.

Y yo:
hostia viene, hostia va
por lo de cojo
claro.
Consentir esa descalificación
era asistir impasible a un nuevo bautizo
y no estaba dispuesto.

Pero corrían más que yo.

Y la pedrada, a traición
afeitando mi cabeza
mientras tenía a uno
de los cobardes
bien agarrado por la pechera
y sacudiéndole.

Y entonces sangre:
por mi cabeza
por mi cara
por mi cuello
en su camiseta.

Y él a llorar:
suéltame, suéltame
mira cómo me estás poniendo
que te vas a desangrar.

Y yo:
da igual
le vais a decir cojo
a vuestros padres, hijosdeputa.

Ya en urgencias:
señora, hay que coserle sin anestesia
qué cara de descompuesta
tenía mamá—.
Y uno que ardía de rabia:
cose, cose
que no pasa nada
anda que no llevaba yo mili
de hospitales
con apenas siete u ocho años—.

Fue poco, un rasguño.
Tres puntos de sutura
en el cuero cabelludo.
Y al que casi hace una hucha
con mi cabeza
lo tuve dos semanas
que no le dejaba ni salir de su casa
si no era con algún hermano mayor
su padre, pobre, estaba impedido
un paralís que le tenía medio cuerpo
paralizado—.

Luego seguimos tan amigos.
Y de cojo:
nada.





acróbata





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