jueves, 5 de marzo de 2015

La correspondencia.





Que todo tiene un límite bien lo sabía el buzón de los del 3º izquierda. Aunque el cartero del barrio había conseguido obviarlo durante los últimos tiempos. Lo que menos deseaba era verse mezclado en algo con sus dueños. Bastante tuvo con aquella carta certificada que intentaron que se comiera. Todavía recordaba con estupor como el viejo cabrón se abalanzó sobre él en su empeño de metérsela por la boca. Tremendo, qué momento de violencia. Sólo golpeándole en el pecho con el bolso lleno de correspondencia fue capaz de sacárselo de encima. Eso sí, nada pudo hacer para evitar el escobazo en plena gorra que le asestó la vieja. Por suerte a esta mujer le quedaba menos fuerza en los brazos que al pedo de una puta. Todavía, después de las fechas transcurridas, seguía sin entender la violenta reacción de ese par de energúmenos. Como si él tuviera culpa alguna al respecto de lo que le envían a la gente, lo suyo sólo era repartir el correo, nada más. Tampoco se olvidaba de su perro: <<con lo enano que era y la fijación que tenía con morder en los tobillos. Qué jodido animal, parecía un vampiro ávido de sangre, en vez de un chucho del montón>>.

Lo veía claro el cartero, tan claro como el ojo de un pez recién capturado: <<para lo que le quedaba antes del retiro, mejor le dejaba el marrón al nuevo>>, o como diría su compañero de fatigas, que apenas hacía unos meses que se había jubilado: Para lo que me queda en el convento me cago dentro.

Y he aquí, que el nuevo cartero: un buen mozo lleno de ideales, justo en su primer día de trabajo, vino a darse de bruces con la realidad de un buzón incapaz de tragar más cartas. Es más, por su boca desdentada, a nada que se rozase siquiera sus labios de metal, salían vomitadas misivas sin digerir: <<Parece mentira, un buzón a puntito de reventar indigesto de papel y más papel y ningún vecino, nadie, es capaz de decir ni pio de los habitantes del 3º izquierda. Qué poca humanidad>>, pensaba el nuevo cartero. <<Anda que no saber si estaban o no, si marcharon para no volver, si vivían allí o ya no>>, nos estaba poniendo bonicos dentro de su cabezota. La verdad, ¡qué poco sabía este joven funcionario de la vida!

Tras aporrear la puerta y no obtener respuesta, más allá de unos cuantos ladridos desafiantes, avisó a la policía. Y ésta, incapaz de acceder al domicilio, decidió llamar al cuerpo de los bomberos. Menudo destrozo. A algunos se les ve que gozan con una maza entre las manos. Hasta la pobre puerta se tiene que estar preguntando aún el porqué la golpeaban por el lado de las bisagras y no a la altura de la única cerradura. Esa tan frágil, que impedía que se abriese dejando a la vista un cuadro digno de película. Con lo fácil que hubiera sido llamar a un cerrajero.

Nada más derribar la puerta, el perro: un chucho enano con muy malas pulgas, se lanzó como un león a por la pierna del bombero más corpulento. ¿Alguien ha visto en alguna ocasión un can con alas? Éste voló atravesando todo el pasillo, la sala, e incluso la barandilla del balcón. Fue un acto reflejo sin ninguna mala intención.

Cómo iban sus amos a atender el correo. Ella, una vieja decrépita con extremidades peludas de araña y vientre abultado de niño malnutrido, reposaba totalmente desnuda, abierta de piernas, con la boca de par en par y los ojos fijos en el techo. Tiesa, totalmente tiesa, sobre la mesa del comedor. Tenía a la altura de su cuello, justo en su lado izquierdo una pequeña herida de dientes caninos que habían conseguido seccionar ligeramente la aorta. Lo curioso es que tampoco se apreciaba tanta sangre a su alrededor. Era como si se la hubiesen bebido. Su palidez no sólo era debido al ligero estado de descomposición, el forense certificaría la ausencia total de sangre en su cuerpo. Y gracias a esto no presentaba una descomposición más avanzada. Su marido, el viejo cabrón que se dedicaba a vigilar la intimidad de las vecinas a través de unos potentes binoculares, fue hallado también desnudo, tumbado sobre el suelo del cuarto de baño. Estaba boca arriba con su miembro en erección y las manos de dedos agarrotados asiendo con desesperación el lado izquierdo de su pecho. Y a pesar de estar su cuerpo repleto de pequeños bocados con pérdida de masa muscular y el destrozo que tenía en el glande, la causa de la muerte más bien parecía un infarto fulminante.

Tras las pertinentes investigaciones, corre el rumor por la escalera que ella murió de muerte natural y el marido, una vez , la puso sobre la mesa en esa postura tan indecorosa para hacerle lo que ella nunca se dejó hacer. Fue su manera de salirse con la suya tras aguantar durante años la frigidez de su señora. Ella disfrutaba más llamando putas a todas las mujeres que se quedaban embarazadas, lo mismo le daba que fueran jóvenes que maduras, casadas que solteras: Todas putas, todas putas, repetía y repetía la muy arpía.

En cuanto al resto de la escena, que tuvimos que contemplar los vecinos, decir que tras el supuesto infarto en plena faena, el apetito de un perro encerrado sin comida hizo el resto. Bueno, sólo es un rumor. Ya se sabe como es la gente: demasiada televisión y muy poca literatura. ¿O era al revés?

Se vende piso completamente amueblado en zona céntrica. A dos pasos de la playa y con generosas vistas al sol poniente. Eso al menos anuncia la inmobiliaria de la plaza. Yo creo que unos cuantos pasos más se necesitan para llegar a orillas del mar. Y tal vez toda una carretera intercontinental para olvidar semejante historia. Tal vez le podría interesar al joven cartero. No creo que se lo pusiesen muy caro y así juzga al vecindario con pruebas fehacientes y no tan a la ligera.

Por cierto, del perro nunca más se supo. Igual tuvo suficiente impulso para llegar a la luna, el bombero es un poco bestia. Lo mismo nada más tocar el suelo de la calle, tras su vuelo sin motor, huyó como alma que lleva el diablo. Lo más probable es que siguiera el camino de sus amos.




acróbata

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