jueves, 26 de febrero de 2015

Pitas. Pitas. Pitas.




Azul el mar. Azul el cielo. En lo alto, nubes blancas, algodonadas, que juegan a dar sombra aquí abajo, donde los relojes se arrastran y el tiempo vuela. Y viento, ligera brisa del oeste. Las ramas de los árboles mecidas: qué caiga lo viejo, qué caiga lo viejo. Y las palmeras con sus cabellos rubios ondeando. Coches pasando, gentes de paso. Ruido de vidas con prisas, Vedder al reproductor, en zapatillas de andar por casa que estoy toda la mañana y silencio en mis labios. ¿Lo tengo todo dicho?, puede, mas no callo. Ésta parece ser la voz de un día cualquiera sin historia, otro más. Eso escucho. Todo esto contemplo cuando miro a un costado y ahí la ventana que me muestra el mundo.

Sentarse aquí, frente al teclado, de espaldas a la puerta, por no hacerlo en un banco de la plaza a echarle pan a las palomas.

Pitas. Pitas. Pitas.

Revolver donde la tierra, en las raíces que me sustentan. Y con las uñas rotas, sucias, regresar con algo más que mostrar a la luz. Me sorprende comprobar la hondura del pozo sin fondo. Lo prolífica que puede ser la oscuridad. Y lo insistente que puede ser la mano que busca un horizonte donde agarrarse, escarbando bajo las huellas propias. Como todos ya vine al mundo con el acto reflejo de asir la mano que me diese apoyo. Y para mí fue la mejor. Pero se fue pronto. Ahora no hay teta, no hallo pezón en el que saciar otro reflejo viejo: el hambre que no acaba con el estómago lleno; el alimento que permita eludir el llanto sin lágrimas; la paz de espíritu; la satisfacción interna. No pido esos panes sin hostias para siempre, pero al menos durante tres soplos, cinco asfixias, todo el aire que me quede por respirar.

Y escarbo. Algo sacaré, o no. Muchas veces regresan mis manos vacías, nunca se sabe. Yo escribo de lo mucho y de lo poco, también de la nada. Son tantos los momentos estériles a lo largo de una época pobre en relámpagos. Es el viento, sí, eso va a ser, aquí sólo llueve cuando sopla de levante. Qué se puede esperar del pasado, si pasado está. ¿Reedición? Da igual, ya tampoco sería, la memoria lo ha cambiado puliendo sus esquinas, agrandando su brillo amable.

Y esto es todo, no da más de si este episodio. Podéis venid. Acudid ya, si ese es el deseo, y comed, saciad vuestra hambre, también la sed. Aquí yo. Y éstas, mis tripas: hoy tan vacías, expuestas al sol de invierno que poco calienta, al frío de la mirada anónima, a vosotros, quizá a nadie. Nunca se sabe. Hoy nada, pero recordad:

De grano y agua. De sal y calor, mi naturaleza. Vengo de una semilla en buena tierra, en buena tierra. He dejado fruto, en buena tierra, en buena tierra. Algún día seré polvo. Olvido y polvo que regresa a su lugar. Y mientras tanto, aquí lo único que puedo dar: el pan duro de mis días sin historia.

Pitas. Pitas. Pitas.






acróbata



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