miércoles, 18 de febrero de 2015

Los efectos secundarios.





Y unos meses después, tras el trasplante y el total restablecimiento: 

—Cariño, no soy el mismo, siento algo distinto, aquí dentro. No sé, me resulta difícil de explicar. Es algo que no me deja, que me obliga, que imagina, sueña, piensa de otro modo. Y me pide búsqueda, horizonte, ojos a lo desconocido, a otro ángulo de visión desde el que contemplar el mundo. Y todo sin renegar de lo más cercano: la mirada íntima, el acento al silencio que pide paso, la magia de lo más sencillo, lo insólito de lo cotidiano. Además, cualquier tontería consigue emocionarme: un atardecer, la sonrisa inocente de un niño, una melodía inesperada, la noche libre de brumas, el viento sobre las ramas de los árboles... Quién me lo iba a decir a mí, me percibo en una constante montaña rusa de sensaciones. Mi vida ha cambiado de significado.

No te preocupes, eso va a ser que te han colocado el corazón de un poeta.






acróbata




4 comentarios:

  1. Sin duda... Me alegra que este espacio esté de vuelta.
    Un beso acróbata.

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  2. Muchas gracias, Magda. Lo echaba de menos.

    Besos!

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  3. Imagino a la humanidad con corazón de poeta...

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  4. Ojalá, Luna. El tuyo lo es y enorme.

    Besote para allá.

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