martes, 16 de diciembre de 2014

VIII




En demasiadas ocasiones, recordar es ponerse a desenterrar muertos que continúan bien vivos aquí dentro. Las uñas rotas, las yemas de los dedos en carne viva y las manos manchadas de sangre fresca, pero una vez puesto, ya no puedo parar, ya no.

Entre aquellas cuatro paredes reinaba la armonía, la paz, el amor, a diario. Pero a veces, todo eso, daba un vuelco repentino. Desconozco el motivo, o los motivos: ¿Una llamada telefónica a la familia? ¿Un cercano viaje a Madrid? ¿Apreturas económicas? ¿Problemas de mayores? ¿Nosotros? ¿Mi enfermedad? ¿Yo? ¿Yo? ¿Yo? —Cuánto me ha atormentado y me atormenta no saberlo, no haber llegado, no poder llegar a una conclusión que me satisfaga—. Y entonces, bajo ese techo que amenazaba con caerse a pedazos y que estaba sostenido a fuerza de cariño, en aquel Cielo particular nuestro, de repente surgía el Infierno y se abrían sus puertas de par en par: Transformación, ira, impotencia, angustia, algún grito, desconsuelo y al final el llanto. Ese llanto inmenso que te rompía por dentro. Luego, como todo huracán desatado, amainaba y al fin llegaba la calma. Ningún desperfecto a la vista, nada, pero un montón de cristales rotos por dentro, en el corazón de quienes lo vivíamos. Conozco esos demonios, los conozco bien porque yo también los llevo dentro, pero sé los motivos y como mantenerlos a raya. Y sobre todo, son por mí mismo, por circunstancias propias y no de otros. Aunque sé que afectan a mi pequeñísimo entorno.

Yo quisiera narrar una historia de color de rosa, o azul, pero la vida está llena de tonalidades. Grises sobre todo, unas veces más próximas al negro y otras al blanco. Y si no soy capaz de ser sincero conmigo mismo, escribiendo, entonces para qué, mejor dejarlo, o no haber comenzado. Hace poco, apenas unos días, cuando tras leer la iniciativa de un poeta amigo, uno grande, de los de verdad, al cual ya le he agradecido por privado la idea que, sin buscarlo, me ha dado, me dije: Pues, al igual que él, yo también voy a intentar escribir algo en prosa a tiempo real, algo de mi vida. Este ejercicio de sinceridad extrema, de vaciarme todo lo que pueda sobre la página en blanco, mi gran confidente, ya lo tengo hecho de manera parcial en varios poemarios. Y muy exclusivamente en uno muy íntimo “Al desnudo”, que, como casi todo lo mío, está inédito y sólo he mostrado a unos pocos, a los que más valoro en este mundillo de letras y me precio de llamarlos amigos. Esta nueva obra que se está gestando día a día, no viene a sustituir a ningún poema, la intención es complementar lo ya hecho.

Por cierto, le decía a Nieves, una vez que empecé con esto: Cuánto voy a disfrutar rememorando anécdotas del pasado, cachitos de vida rescatados del olvido. Y sí, es verdad. Y cuánto dolor va a salir a flote. Pero sabéis, si emerge será porque está ahí, al fondo, en mis abismos, removiendo. Y ahí no hace nada. Siento si con todo esto molesto a alguien que se pueda ver en mis letras, de corazón lo lamento, pero es mi vida. Y total, ¿lo van a leer acaso? Más fuera del mundo casi que no se puede estar ya.

Y sigo, queda tanto por contar, estamos sólo al principio de “Una historia conocida”.






acróbata



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