lunes, 1 de diciembre de 2014

Asuntos de manos.





Tras leer a Jung y sus clasificaciones de los distintos arquetipos humanos, comenzó a huir del suyo. Una de esas huidas trataba de cambiar ciertas conductas corporales, como por ejemplo su manera de estrechar la mano: sin darla blanda, sin fuerza, muerta... no solía apretar, la estrechaba y punto. A partir de entonces comenzó a darla con ganas, con énfasis y apretaba con todas sus ganas. Nada de personalidad depresiva o conformista, ni mucho menos. Él era un tipo resuelto, decidido, que quedase claro.

El problema estaba en que sus manos no eran normales, tenían la fuerza de las mandíbulas de un gran tiburón blanco. La de metacarpianos que acabó fracturando. Ya no era un hombre sin ánimo, sin espíritu. Ya no, desde luego. Ahora era tildado de violento.

El psicoanálisis, que es peligrosísimo.







acróbata



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