viernes, 28 de noviembre de 2014

Y ahora qué.





Resucité, al tercer día. Envuelto en lienzos blancos. Extremadamente débil y en mitad de una impenetrable y fría oscuridad. Y un hombre, desde la luz: pelo largo, barba de muchos días y con una voz cálida y a la vez poderosa, invitándome a levantarme, a caminar hacía fuera. Y allí, en mitad del brillante día, escoltado por mujeres: emocionadas, con la mirada brillante, a punto de echarse a llorar, él. Y una y otra vez, con insistencia, llamándome:

Lázaro. Y Lázaro. Y Lázaro.

Y yo no me llamo Lázaro.

Qué clase de salida habrá sido esta última. Apenas si recuerdo nada: aquel lugar, aquella música, las luces, la gente, barullo, risas, voces y copas...Muchas copas, demasiadas.

Y ahora qué.





acróbata



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