miércoles, 22 de octubre de 2014

Una oda.




Como tantos otros
le he escrito una oda
a la Virgen
a la de mi pueblo
y ya de paso a todas
a la de todos los pueblos
que serán la misma
supongo yo.

Que Dios me perdone.

Tú, puta
con quién
con quién me la pegaste
y no me vengas
con que no
con que estás entera
y esa panza
no te la ha hecho un hombre.

Tú, puta
que no me has dejado
ni tocarte
y has andado por ahí
con otro.

Tú, puta
y yo tan cabrón
que te perdono
que lo hago a pesar de todo
porque te amo
y no sé vivir sin ti.

Eso hubiese pasado
si yo fuera José
pero no lo soy.
Por fortuna y gracia del Altísimo
esos tragos de hiel
no han sido para mí.

Él tuvo que ser mejor
que yo, no lo dudo.
Eso o las palabras del libro
mienten como bellacas.

Pobre José.
Pobre Virgen.
Maldito Dios
que juega con lo más sagrado
para un hombre.






acróbata

2 comentarios:

  1. Él perdona todos los días, no lo dudo.
    Y sobre todo, la vida es cuestión de FE.

    Buen y maravilloso día.

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  2. Gracias, Luna. En realidad este poema es un grito contra los estamentos de la Iglesia, no contra la fe de las gentes. Yo no creo, pero respeto a los creyentes, lo que no soporto es la idiotez de poner como dogma de fe la virginidad de una mujer. Qué pasa, que si no conoció hombre fue mejor. Absurdo, qué tendrá que ver una cosa con la otra.

    Besos!!

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