domingo, 26 de octubre de 2014

Leyendo a un amigo.




Estaba leyendo
en la cama, como tantas
otras veces. Y he dejado
un momento el libro
para escribir
algo que me había surgido
de repente.

Y ahí mi gato rubio
más rápido que el viento
que lo ha aprovechado
para acostarse encima.

Perdona, David
si ahora tu camisa
oscura
luce llena de pelos
del color del trigo maduro.

Tampoco para Jack
pasa desapercibida
tu obra.






acróbata


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