sábado, 11 de octubre de 2014

Escribo por escribir.


Estoy estupendo
y eso
que nunca me recuperé
de la primera intervención
ni de la segunda
ni de la tercera.

De la cuarta sí
-¿fue la cuarta?-
Mis amígdalas bien
por poco me matan
y hasta que no me las extirparon
-A ver, niño, abre un poquito la boca
y de repente: ¡Zas!, el engaño-
no había manera de mejorar.

Dos años enteros
de rabo a cuerno de demonio
con décimas de fiebre
antibióticos, escayolas
y el miedo
mucho miedo
hasta que se limpió
mi pequeño cuerpo de la bacteria.

Estoy estupendo
divino diría yo
y eso que tampoco me recuperé
de las siguientes operaciones
-esas las recuerdo
mucho mejor. Oh sí, sí, sí-
la quinta, la sexta, la séptima
la...

Y la trece
la buena de verdad
una campeona con largos meses
atravesada la pierna de parte a parte
por veintitantas agujas
amarradas a tres tensores externos
que había que ir moviendo
milímetro a milímetro
lágrima a lágrima.

Ésta me dejó como regalo
de mayoría de edad
las secuelas que me han llevado
al retiro tan prematuro
y el dolor perpetuo
el que morirá conmigo.


Luego vino el alta médica
y años después la catorce
y última
la única por accidente laboral
y de la que según el cirujano
no me quedé muy bien.
Precisamente la que menos trabas
me ha puesto en el camino
y que no me impidió seguir
con mi vida en la mar.

La verdad, me quejo de vicio
y eso que casi ni abro la boca
y apenas si escribo de ésto.
Pero bueno
es que soy un tipo blando
sin historia
con una vida fácil
regalada
y que escribe por escribir.






acróbata




No hay comentarios:

Publicar un comentario