lunes, 8 de septiembre de 2014

Los retratistas.


Una vez que comenzaron a aparecer caras por 
todas partes: en el suelo, en las paredes, por las puertas...Mamá nos enseñó a pintarlas con trocitos de yeso desprendidos de la fachada medio en ruinas. De algún modo nos teníamos que entretener en las tardes frías de invierno. Éramos muy pobres y cuadernos y lapiceros sólo podían ser empleados en el colegio.


Apenas duraron un par de semanas las 
apariciones. Y como llegaron, marcharon. Siempre sospeché que esos bigotazos y aquellos parches en los ojos a modo de pirata no había quienes los soportaran sin inmutarse. Tampoco ellas, las caras de los antepasados.





acróbata



4 comentarios:

  1. A veces es mejor no regresar.

    Buenas noches.

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    1. Quién sabe, Luna. Con tener la oportunidad de elegir ya me conformaba yo.

      Abrazos, amiga.

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  2. Esto no ocurriría en Béllmez, ¿verdad? A veces los recuerdos pueden ser muy reales...

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    1. No, Marcos. Es lo que tiene "la otra realidad", que todo es verdad, pero no todo ha sucedido fuera de mi cabeza.

      Un abrazote, amigacho.

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