martes, 26 de agosto de 2014

8. De este mundo.


Recuerdo, que cuando era bien pequeño e iba de la mano de mamá conociendo el mundo que nos rodeaba, en ocasiones la escuchaba decir en voz queda: “Nosotros no somos de este mundo”. Enseguida comprendí que esa frase, aunque nos desplazábamos muy a menudo a la gran ciudad, poco tenía que ver con los espacios nuevos que contemplábamos. Y su uso dependía más de las situaciones inesperadas que a menudo nos ocurrían en aquellos viajes.

En un principio, supongo que influenciado por las lecturas de superhéroes de la época, llegué a pensar que igual mamá y yo éramos extraterrestres o incluso superhéroes. Ya que si bien ella era guapísima, listísima, buenísima, vamos que para mí era maravillosa, en apariencia no le encontraba yo unos superpoderes como los que veía en los héroes de mis cómics favoritos. Lo que ocasionó que mi pequeña mente infantil llegara a la conclusión que también existían extraterrestres y superhéroes sin aparentes poderes sobrenaturales. Qué mejor ejemplo que nosotros mismos.

En fin, bien pronto descubre uno que podrá sentirse muy especial pero de espacial no tiene nada de nada.
Después pasó el tiempo, poco la verdad, continuaba yo en mi afición de leer cómics de Marvel y aunque tal vez por seguridad ya no era necesario que fuese de la mano de mamá, si era de gran placer el ir cogido de su brazo. Todo parecía indicar que aquella frase, en apariencia inofensiva y que permanecía dormida en mi subconsciente, terminaría diluyéndose en el olvido, pero no fue así. Sin previo aviso, casi de un día para otro, vino a hacerse cuerpo en toda su crudeza y mamá, sin siquiera escuchársele esa sentencia de sus labios, marchó para siempre de este mundo, quedándome yo aquí sin entender muy bien por qué se fue y no me llevó con ella, si tantas veces la había escuchado decir: 
“Nosotros no somos de este mundo”.

Ahora, desde la distancia que da el haber pasado tanta de mi vida, casi toda como aquel que dice, sin su amada compañía y la madurez adquirida a fuerza de desengaños, golpes y demás heridas que ocasiona esta existencia tan poco sensibilizada con los sueños humanos, comprendo los motivos por los que en esa ocasión no me llevó con ella. Si bien eso no quita, que viendo el mundo que me rodea y lo extraño que me siento en él, sean muchas las veces en las que rememoro aquella frase de mi madre. Y aunque ya no leo tebeos y por supuesto tampoco he conseguido adquirir poderes sobrenaturales, sigo al igual que ella creyendo que:
Nosotros no somos de este mundo”.

Sólo espero, que el día que me toque irme para siempre de este mundo, me conceda el destino la fortuna de ir a parar al mismo que ella marchó y así volver de nuevo a cogerme de su mano y poder decir entonces…

Ahora sí, ya estamos en nuestro mundo.”


acróbata


(De "31 dosis para un mes enfermo" Inédito)

3 comentarios:

  1. Superpoderes quizá no... pero si el don de la palabra. Qué cosas, hoy mismo utilicé yo esa frase...
    Besos, acróbata.

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  2. Gracias, Magda. Bueno, tú eres brujilla, no? Magia tienes, mucha. ;)

    Besos!

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  3. Esta, es una dosis de pura ternura. Y salva a cualquier mes.

    Saludos.

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