miércoles, 23 de julio de 2014

Un hombre y su armadura.


Esta mañana, en el supermercado, una simpática empleada que estaba reponiendo licores, me ha saludado llamándome caballero. Qué extraño, a mí.

Al salir, cargado como iba con el carro hasta los topes, intentando no defraudarla, me he puesto a buscar mi caballo, (después ya la rescataría entrando a galope tendido por una de las puertas acristaladas). Nada, que no he dado con él. Y gracias, porque la compra que llevaba cogía perfectamente en el maletero del coche. Tengo dudas que haya alforjas tan grandes. Incluso dudo de si sabría montar a caballo.

En fin, la mujer esa de la tienda, que se creerá una princesa y de ahí que me ha llamado así. Yo por si acaso no piso más por allí, no vaya a ser que se de cuenta que no soy un caballero, sólo un hombre que se refugia tras su armadura.




acróbata

2 comentarios:

  1. ¿El coche no esconde muchos caballos dentro? Igual no iba desencaminada la chavala...
    Besos, acróbata.


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  2. Es verdad, de aquí en adelante en vez de meter primera para salir le diré arre al coche y a ver qué pasa. ;)

    Empezamos por caballero, después vendrá el señor y en nada ya me dirán anciano, ay...

    Besos, Magda.

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