lunes, 14 de julio de 2014

Nunca sonó bonito.


Yo quise llamarme Santos
como el abuelo
como el hermano
como tú,
porque ese es tu nombre
-tal vez si hubiese sido otro-
pero no pudo ser.

Y es que, fuera del cariño
de los apelativos
(vaquero, forastero)
con los que me llamabas
en mi niñez,
mi nombre, éste que decidiste,
en tu boca
nunca sonó bonito.




acróbata

4 comentarios:

  1. Me has hecho pensar que, en el final de sus años, cambié el nombre a quien más quería. Decidí que sería mi flor, para mí solamente. ¿Qué me importaba cómo la llamaran los demás? Ella no era más que una floreta, bella, risueña.

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  2. Me llamo Tomás. De siempre, para siempre. Como mi otro abuelo. Y este mi nombre.

    Gracias, g.

    Un abrazo.

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