viernes, 6 de junio de 2014

Puerta de salida.


Lo que entonces no sabía,
aquello que ya nunca
podré decirte,
es que tú marchaste,
para siempre,
pero tu mirada, esa luz
que se apagaba,
ese último latigazo
en tus ojos cansados
sigue aquí, conmigo.

Me persigue, me acompaña
allá donde voy.
Y aunque me lacera, me hiere
-cómo no lo va a hacer-
no quiero que marche.

Es parte de mí,
fue la puerta de salida
a toda una infancia,
la mía.

Lo sé,
ese fue el momento.
Ahí me hice adulto,
así, de golpe.




acróbata

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