miércoles, 2 de abril de 2014

Cuando escribo.


Un hombre, parado
al borde de las aguas,
asomado a su interior.

Mete su mano
en el bolsillo del pantalón,
saca una moneda
y la arroja a la oscura mansedumbre.

Así una vez,
dos, tres,
toda una hora entera.

Me acerco,
le pregunto qué hace.
Me mira,
voltea de nuevo su cabeza,
vuelve a observar las aguas
y entonces, mientras
las hondas producidas
por la penúltima moneda
se van perdiendo en la distancia,
contesta:
-Deformar la realidad-

Y continúa a lo suyo,
rebusca en sus bolsillos,
encuentra quizá la última
y también ésta la deja caer
contemplando en silencio
la distorsión de su reflejo.

Eso mismo hago yo
cuando escribo:
arrojar letras y más letras
al diario de esta existencia.




acróbata

5 comentarios:

  1. Pero tú no deformas la realidad, más bien embelleces la existencia de quienes tenemos la suerte de leerte. Besos, acróbata.

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  2. Reflejo. Creo que es la palabra...

    Buen día, Tomás.

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  3. Creo que todos escribimos para arrojarle algo de realidad y poesía a la existencia...
    y a ti siempre se te dio muy bien.

    Besos, cosa guapa.

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  4. Muy bueno Acróbata, coincido con tus bien escritas letras. El que escribe deforma la realidad a su gusto, y le da el sello personal en ese acto, y así la hace más soportable.
    ROBER

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  5. Algo hay que hacer para sobrellevar tanta realidad.

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