jueves, 6 de febrero de 2014

Nunca llueve a gusto de todos.


Se había criado lejos de allí, en el norte, donde la lluvia era imperio y el gris el decorado habitual en el teatro de la vida. Y ahora, viviendo tan al sur, tanto azul por aquí y por allá, le ponía nostálgico, no lo podía evitar. Llorar en la intimidad del hogar hubiese sido lo más común, pero él no tenía nada de tradicional. Cada poco, cuando así lo demandaba su vejiga, se arrimaba a la barandilla del balcón, se sacaba lo suyo, comenzaba a mover las caderas a derecha e izquierda y joder, cómo llovía desde aquel ático. Un disfrute para sus ojos el contemplar esa lluvia cálida, dorada, mojando la acera, los vehículos mal aparcados, incluso a los transeúntes, que entre perplejos e indignados no unificaban criterios a la hora de reaccionar: La mayoría salían corriendo con rostro estupefacto incapaces de hacer otra cosa que correr y sacudirse mangas, hombros y cabeza. Otros corrían al mismo tiempo que le mandaban saludos de grueso calibre dedicados especialmente a su santa madre. Y los más rápidos de reflejos no dudaban en lanzarle amenazas contundentes que le resultaban incluso graciosas, pues ninguna llegaba siquiera a inquietarle. Seguro que a los vecinos de los pisos inferiores y a sus ventanales no les harían tanta gracia esa contundencia que acababa produciendo un nuevo chaparrón, esta vez de cristales.

No había duda, aquellas gentes eran de secano y no tenían la misma opinión que él acerca de cómo poner freno a tanta morriña. Ya se sabe, nunca llueve a gusto de todos.





acróbata

4 comentarios:

  1. Todo depende, también, del cristal por el que se mire?

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  2. Vaya costumbre tenía el vecino!!! Nadie nunca había interpretado la morriña que produce la lluvia o el mar con otra lluvia tan...cómo diría yo, de una tonalidad diferente. Ya se sabe, mejor salir siempre a la calle con paraguas, aunque luzca el sol.

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  3. Bueno, Marcos, decirte que estos relatillos con la etiqueta "La otra realidad" son letras de vida-ficción, tienen su parte de verdad y la suya de imaginación. Y forman parte de un futuro libro de relatos que difícil es que vean la luz más allá de simples destellos en lo digital.

    Un abrazo.

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