miércoles, 15 de enero de 2014

Un silencio que no calla.



Un grito.
Un solo grito
eclipsando los ruidos hogareños
de una tarde azul de verano.

Casi cien días
de agonía,
de fe poco a poco
consumida
en una cama de hospital.

Y un silencio que no calla.
Uno, repleto de ecos viejos,
que no me abandona,
que nunca dejará de resonar
en lo profundo de mi ser.

Por qué.
Por qué madre.
Por qué viene ahora la poesía
a cavar tan hondo.
Por qué madre.
Por qué más allá del hueso,
mucho más.
Por qué después de tanto
como ha pasado.

¿Es que nada
va a dejar a oscuras?

¿Es que todo,
absolutamente todo,
lo va a sacar a la luz?






acróbata

5 comentarios:

  1. Y ahora tú me dirás cómo se comenta esto...
    Las letras mueven y remueven hasta lo más hondo. Besos, muchos.

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    1. Ya lo has hecho, ya me has prestado tu mano.

      Gracias, Magda.

      Besos!

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  2. Al final la luz.

    Saludos, Tomás.

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    1. Tú lo has dicho, Luna: Al final la luz.

      Besos, amiga.

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