lunes, 9 de diciembre de 2013

Comercio al detalle.


Después de casi treinta años de distancia y un par de calles de tiempo, ¿o era al revés?, se había quedado sin padre, que no huérfano, y salió a buscar uno nuevo. Eran fechas muy comerciales y no había motivos para conformarse con menos de lo tenido hasta ese momento. Además, tampoco sería algo muy difícil de encontrar, teniendo en cuenta el desarraigo familiar imperante.

Total, que casi a las primeras de cambio, halló uno bien majo bajo la marquesina del autobús. Parecía buen partido: Estaba limpio, era educado y se le veía tan necesitado de cariño. Intentó convencerlo para llevárselo directamente a casa. A cambio sólo le pedía que de vez en cuando ejerciera de abuelo, de suegro, de amo del perro, de consuegro si no le importaba demasiado y sí, también un poco de padre.

Una vez que terminó de exponerle sus condiciones, y estando dispuesto a ceder bastante terreno en las negociaciones, cualquier cosa por tal de llegar a un acuerdo, comprobó algo consternado que del susto se había muerto de repente.

En fin, qué se le iba a hacer, trataría de hacerse con un viejo sofá en los mercaillos de segunda mano. No era exactamente lo mismo, pero tampoco le iba a costar mucho acostumbrarse al cambio.




acróbata

4 comentarios:

  1. ¡Que no pare de crecer el ingenio, hermano Acróbata!

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  2. Buenos días Acróbata. Además de un reflejo de nuestros tiempos y ese desarraigo familiar al que ya aludes, también veo en tu relato el maltrato a la gente mayor a la que algunos tratan como si fueran muebles viejos, efectivamente. Saludos.

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  3. Muy bueno Acróbata, me ha sorprendido el final no me lo esperaba. Un saludo.

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  4. Muchas gracias por vuestras palabras.

    Abrazos.

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