viernes, 15 de noviembre de 2013

Clases sociales.



Hoy he vuelto a verlo,
no iba, no venía,
estaba,
simplemente permanecía
empinando su decadencia.

Era un cartón de vino
con patas y rostro
dando tumbos por las calles.

Hacía tiempo
que no me cruzaba
con ninguno de estos suicidas a plazos
asido a la teta de la muerte.

En fin, qué pena,
por apenas un euro más
podría haber sido
toda una botella de cristal andante.

Hasta en lo más bajo
asoman la cabeza
las malditas clases sociales.






acróbata

2 comentarios:

  1. Esos cartones de vino, no son más que la consecuencia de una sociedad que los crea, me temo, un resúmen de la injusticia del mundo. Muy buen poema, realista.

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  2. Sí, es cierto. Llegados a cierto punto sólo una mano puede sacar al caído de tan abajo. Debería ser obligación moral el no abandonar a los que quedaron en el camino a su mala fortuna.

    Abrazos, Marcos.

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