miércoles, 27 de noviembre de 2013

Casi.


La tarde languidecía
como otra tarde cualquiera
y casi sin darme cuenta
la noche se nos echaba encima.

Me aburría
y me puse a contemplar la calle
desde la ventana de la sala.

Las luces de los pisos de enfrente
se encendían y apagaban
como retándome a echar
una partida al tres en raya.

Por momentos creía poder completar
una raya, sólo era cuestión
que el del tercero derecha
llegara pronto para la cena.

Creía que iba a ganar,
lo tenía hecho,
este tipo era puntual como un reloj suizo.

Pero, pobre iluso de mí,
de pronto, cuando ya lo había visto
entrar por el portón de su edificio,
se produjo un apagón
que alcanzó a todo el barrio
y cómo no,
una vez más ganó la oscuridad.

Esta es la historia resumida
de lo que da de si mi vida.

Un casi que nunca parece suficiente.




acróbata

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