domingo, 4 de agosto de 2013

Smartphone.


De pronto el mundo sabía si leía o escribía, si estaba en casa o de paseo, en la pisci luciendo palmito o jugando a paddle, si escuchaba a los Beatles o a los Stones. Sabían de mis estados, aunque estos no fuesen embarazosos y más bien rayasen lo vulgar de lo anodinos que eran. Y yo, tonto de mí, siguiendo la corriente del gran río hacía la nada, decía, por decir algo, y alimentaba morbos ajenos por alimentar egos propios. Y ante tanta curiosidad insana me cocinaba aquello de:

<< Aquí, en el super de la esquina, con la prima Chonchi, comprando ensalada que estamos de régimen y que no se nos olvide el helado tres chocolates>> O si buscaba ser algo más interesante y no parecer medio mariquita.
<<Comiendo un arroz a la banda en la carambola de juntar a la familia, buenísimo el arroz que ha hecho el cuñado, todo perfecto, el niño en la piscina y la tía Enriqueta cada día más buena y bastante más puta>> Y cuando ya tocaba ponerse de domingos o festivos, cómo no mostrarlo al mundo:
<<De cumple con la abuela de mi ex, que es como mi propia abuela y no mi exabuela porque perdió la memoria cuando aún yo era su nieto político y mi ex no una tía pelma>> O, el siempre recurrente: << Cómo está la feria esta noche, ni un alfiler coge entre tanto descosido y el niño dando puntadas a la niña del canguro loco>> Por supuesto todo esto había que leerlo teniendo una vocalización como cansada, arrastrando las vocales con desgana.

En fin, una serie de mensajes breves, ni que decir tiene que bien aderezados con imágenes de morritos, sacando pecho y metiendo barriga, para corroborar en todo momento la asquerosa felicidad que exudaban cada uno de los poros de mi exultante cuerpo de gimnasio.

Aquello era el progreso y yo era muy progresista, a pesar de la ola de conservadurismo trasnochado que recorría la moda...Tendencia venida de París, al igual que los bebes bien nacidos, de pantaloncitos justo un dedo por encima de la rodilla y falditas avolantadas, eso o ir de colores chillones, tatuajes de medio metro y con más agujeros por el cuerpo que un maldito queso de gruyere. Es decir, o se era un mal intento de snob o un cani bien logrado.

Y a este futuro que ya es presente desde no hace tanto, aunque parezca que está aquí desde siempre, le pusieron de nombre “smartphone” a pesar de lo gilipollas que parecíamos.
¡Cuánta felicidad!, y yo a ratos deprimido. Creo que a mi móvil le debe de faltar alguna aplicación que aún no me he descargado.
Bueno, no hace falta que diga más, a buenos entendedores seguro que ya les basta con esto.





acróbata

6 comentarios:

  1. Luchemos por una vuelta a lo analógico, Tomás, que somos guerrilleros.

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  2. Eso díselo al sol, hombre de Alabama. En su mano o en las de King jong un que nos mande un pulso electromagnético...

    Saludos de paz.

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  3. Me has hecho reír con lo del caní malogrado...
    Yo todavía no he logrado entender todas las aplicaciones del mío.
    Con lo bien que se estaba sin todos estos juguetes, verdad?

    Besos, terroset de sucre.

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    1. Muchísimas gracias, Eva. Siempre es un placer verte por aquí y hoy el placer ha sido inmenso...

      Besos dulcísimos para ti, mi parisina preferida.

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