martes, 25 de junio de 2013

La herida.


Caía la tarde,
cerré los ojos
y llamé al mar...

Éste no contestaba.

Abrí los párpados,
miré al poniente,
oteé los cuatro horizontes...

Era de noche,
estaba oscuro.
Todo negro,
todo silencio,
todo frío
y el mar no estaba,
la mar se había ido.

Sólo un vacío,
una ausencia inmensa,
     inmensa como el mar,
inmensa como el pensamiento.

La nada avanza,
sólo la luz de la mañana
de momento salva...

Sólo en mi memoria
sigue estando la mar.
El resto es orilla,
orilla de aguas mansas
que con la pleamar
alcanzan a lamer la herida.





acróbata

8 comentarios:

  1. Hay ausencias que son tan solo un espejismo...
    ¡Besos!

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  2. Una metáfora muy hermosa, Acróbata. Estupendo

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  3. Siempre nos quedará la pleamar influenciada por la diosa Selene que en estos días luce plena.
    Abrazos, hermano.

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  4. No hubieses podido versar con mayor maestría lo que ahora siento, poeta.

    Besos, cosa guapa..

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  5. No se que me duele mas si el daño que me infringes o la displicencia con que me olvidas.
    ¡Poetazo, que no tienes medida!

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  6. Tan profundas, como ese mismo mar de tu pupila.

    Abrazos muchos, siempre.

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  7. Muchas gracias por vuestras palabras.

    Abrazos.

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