jueves, 11 de abril de 2013

En mi sitio.


Un día más
y ya van muchos,
van todos...

Soy incapaz de superar
la belleza del silencio.

Continúo callado         en mi sitio,
sitio de carne y hueso,
     de piel y pensamiento,
sitio mío, mi sitio.

Abstemio de casi todo
sólo cuando me descoloco...
olvido,
olvido por momentos
mi condición
y me vuelvo un suicida.
Un asesino de palabras,
de letras que matan
                         y mueren
sobre la página herida.

Y entonces salta mi voz
de la cornisa de mi boca,
   del acantilado de mis labios
y habla
y hablo,
hablo e incluso escribo.
Algo digo, no mucho,
no sé si poco,
algo.

Y para bien o para mal,
tal vez para peor,
qué más da...
rompo el pacto de años
y más años,
de toda una vida
con mi socio, silente socio,
el mudo pensamiento.

Es inevitable,
va en mi naturaleza ser palabra.
Ya lo he vuelto a hacer.
Pobre silencio.

Ahora regreso a mi lugar,
lugar de juicios,
       de callados juicios.


acróbata

6 comentarios:

  1. Nuestro silente socio es el que más grita, aunque no tiene nada que hacer frente al sentimiento. Ese es el juez.

    Mi beso.

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    1. Muchas gracias por tus palabras, Juliette.

      Besos.

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  2. Un poema netamente existencial amigo. Ese socio siempre nos acompaña.
    Saludos

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    1. Gracias, Justo. Tú lo has dicho, existencial cien por cien.

      Abrazos, amigo.

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  3. La belleza del silencio no puede ser superada... tan solo busca ser entendida... Y rota en el instante preciso, de forma tan bella como tú lo haces.
    Besos.

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    1. Gracias, Magda.
      Tus palabras le sacan los colores a mis letras.

      Besos, brujilla.

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