miércoles, 2 de enero de 2013

El infinito.


I

Miro a la noche,
a la oscura noche sin estrellas,
a la piel de ébano del cielo,
a la carne negra del horizonte,
al vacío inalcanzable de ahí mismo,
al vacío más vacío...

Y sí, lo veo,
veo el oscuro vacío.
¡Veo el infinito!

Yo, un simple ser finito,
un pequeño haz de luz
en mitad de la inmensidad más inmensa,
lo tengo parado justo en el centro de mis pupilas.
¿No es algo extraordinario?
¿No es algo digno de ser contado?
¿No es...?

Es el infinito...



II

Alargo la mano
y lo palpo...

Su tacto es frío
y etéreo,
su epidermis, de invierno oscuro,
es gélida como la noche sin sombras,
como los días sin sol.

Sí...
y en un acto de cobarde valentía, 
de valiente cobardía,
las alargo aún más,
mis pálidas manos,
de palmas desnudas,
de dedos temblorosos,
de yemas libres de blasfemias
y lo agarro..

Y es nada,
humo de un incendio frío,
ceniza sin cuerpo ni alma,
nada...
aún sabiendo que es el todo
de una ausencia ausente
hasta de si mismo.

Es el infinito,
¡el infinito!
(                                    )
Y sí, lo puedo asegurar,
desde la brevedad de mi tiempo finito
se siente infinito,
lo percibo eterno.



acróbata

4 comentarios:

  1. Es... inmensidad que llena la pupila, y cabe en la palma de la mano. Y nos desborda...

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  2. Una incógnita lo que nos espera ahí fuera, o ahí...después, luego... en el tiempo. Abrazos.

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  3. Este me lo reservo para leerlo en el ordenador ;-)

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  4. Mientras nuestros sueños brinden con el infinito...
    todo irá bien.

    ;-)

    Besitos, guapetón.

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