sábado, 22 de septiembre de 2012

¿Nace o se hace?


Esta vida es cruel en su sarcasmo hasta en el mundo de los oficios: Cómo entender sino la inclinación de los cojos por el oficio de zapatero. ¿Se puede obviar del pensamiento la tara del cuerpo “andando” todo el día entre tacones, suelas y empeines?

Otro claro ejemplo de esta vil venganza en el trabajo es la estrecha relación entre enanos y limpiabotas: ¿Acaso no están los pobres hombrecillos lo suficientemente próximos al firme para tener que permanecer también tantas horas con la mirada gacha contemplando la sucia solidez del suelo?

Y como no hay dos sin tres, pondré un ejemplo más de los muchos existentes: Qué decir de los amigos de lo ajeno en cuanto a su cercanía a los lugares donde se manejan las grandes cantidades de poder y dinero, ¿se puede resistir tal tentación cleptómana sentándose en despachos donde es tan fácil desviar ligeramente, cuando así lo demanda el momento, el caudaloso río que fluye sin parar?

Aunque en este último supuesto siempre me surge idéntica duda: ¿Nace o se hace el amigo de lo ajeno?


acróbata

2 comentarios:

  1. sí: son como leyes de murphy sin explicaciones.

    un beso. o dos.

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  2. Bien dijiste, inclinaciones...

    Saludos, Tomás.

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