martes, 28 de agosto de 2012

Adiós verano, adiós...


Gracias a dios, o al normal paso del tiempo que de manera tan efectiva muestran los calendarios, este verano ya está tocando a su fin en lo que respecta al éxodo masivo que se produce todos los años por estas fechas, vaciándose el interior de buenas gentes y llenándose la costa de toda clase de maleantes.

Por fin podrá volver mi amigo Evaristo a la rutina diaria de dormir por las noches y estar activo durante el día. No es que haya cambiado el sueño a consecuencia de las tórridas noches mediterráneas que apenas si dejan descansar a nadie, es que ante la avalancha de robos que se han venido produciendo en muchas viviendas del barrio, mi amigo, todo imaginación él, no pudiendo contratar los servicios de una empresa de seguridad para que le instalara una alarma de esas infalibles con las que te roban del mismo modo, pero se supone que por lo menos de manera más profesional (todo un alivio), decidió poner en práctica su plan secreto en pos de asegurar la integridad física de su hogar. Así, aprovechando que sus sobrinos se han tirado todo el verano de vacaciones con su familia paterna (todos choricillos de tres al cuarto), que su hermana Milagros se marchó a hacer su agosto particular por las playas ibicencas y que su abuela, además de las bragas, la faja y el sujetador, también se quita el sonotone para dormir, el bueno de Evaristo a partir de las doce de la noche comienza con su espectáculo de gritos descompasados, insultos tremebundos, amenazas grandilocuentes, golpes sordos y demás ruidos endemoniados tratando de simular una pelea de dimensiones bíblicas. Lo cierto es que su método es algo expeditivo y molesto, sobre todo para el vecindario, que le ha denunciado un sin fin de veces a la policía, pero eso no es problema para mi amigo, que gracias a la relación de marcado carácter sexual que mantiene su abuela con el padre del comisario jefe, se conoce todos los códigos de radio de la policía y cada vez que de centralita daban aviso al coche patrulla para que se pasara por su barrio ante la denuncia de un escándalo, él cesaba momentáneamente su actividad para retomarla aún con más ahínco si cabe una vez que estos marchaban.

En todo caso, aunque su modo de actuar sea muy molesto y cansado, se le ha de reconocer que ha sido infalible, más si tenemos en cuenta que tanto el vecino de arriba suyo, como el de abajo, como incluso los dos que comparten pasillo con su vivienda, han sido atracados vilmente mientras dormían. Sin embargo la puerta de su casa ni tocarla, y eso que normalmente siempre está medio abierta para que su gato pueda salir a curiosear por ahí.
Claro, que también es cierto, que nada más tener conocimiento del primer robo en su edificio, cada noche, mi amigo, aprovechando los despojos que se traía a casa del trabajillo que le ha salido este verano en el restaurante de su buen amigo Chon-Tse, descuartizando toda clase de animales inmundos que terminan convertidos en croquetas chinas para turistas ávidos de comida basura, bañaba de arriba a bajo su puerta de sangre fresca.

Tan fenomenal le ha ido el asunto al bueno de Evaristo, que ante el otoño que se avecina con los nuevos recortes y la ola de robos que se presuponen, se está planteando patentar su idea, no vaya a ser que se la roben. Ya se sabe, según se está poniendo el asunto, peligra hasta el chopped de los supermercados, y qué decir de la mortadela con aceitunas, todo un delicatessen de día festivo que cotiza al alza en el mercado negro.


acróbata

3 comentarios:

  1. No hay verano que detenga al bueno de Evaristo. Siempre innovando...

    La abuela...una genia, por los códigos, claro.

    Saludote, Tomás. Buenas tardes.

    ResponderEliminar
  2. ¡Con lo que me gusta la mortadela de aceitunas! jejeje Muy bueno, Acróbata.

    ResponderEliminar
  3. Muchas gracias por vuestra visita.

    Evaristo y sus cosas...

    Saludos.

    ResponderEliminar