lunes, 11 de junio de 2012

Manitas.


El otro día confiando en el horario infantil en el que nos encontrábamos, deje solo a mi hijo pequeño viendo en la tele una película sobre robots que se desmontaban y se volvían a montar con una facilidad espeluznante, mientras yo realizaba un trabajo de bricolaje en casa adaptando unos viejos altavoces en un nuevo reproductor de música al que claramente le falta potencia. Mi niño, que al igual que su padre, es un apasionado del arte del destripamiento mecánico, se lo pasó estupendo con esa película y entusiasmado me confesó que era la mejor que había visto en su vida. Pensaba yo que a pesar de verlo tan impresionado pronto se le olvidaría el tema y en nada volvería a quedarse prendado de algún nuevo hallazgo, es lo que tienen esas edades, que vas de sorpresa en sorpresa en el descubrimiento diario de la vida. Pero tras pasar ya unas cuantas jornadas, compruebo preocupado, que lejos de disminuir su obsesión con esa película, se está convirtiendo para mí en un pequeño quebradero de cabeza, y es que rara es la mañana desde entonces, que al despertarme no me encuentro, que aprovechando mi sueño pesado, el niño me ha desmontado por completo y esto que pensaba yo que sería muy doloroso es completamente indoloro, pero tiene el molesto inconveniente que con las prisas por si me despierto en plena faena se suele equivocar al armarme de nuevo y claro, termina montándome de cualquier manera. Así igual me coloca la pierna izquierda en el lugar de la derecha, la derecha me la encaja en el hombro, el dedo pulgar del pie en el meñique de la mano, la nariz en lugar de la oreja y el ojo en la boca. Bueno, todo un galimatías que luego me toca a mí arreglar perdiendo media mañana para recolocarme en condiciones, y eso, cuando no se me pasa algo y después por la calle o incluso en la oficina me convierto en el hazme reír de la gente que entre cuchicheos comenta que eso me pasa por dejar al niño hacer lo que le de la gana. En fin, nunca se puede uno fiar de los horarios infantiles a la hora de dejar al niño solo delante del televisor.


acróbata

7 comentarios:

  1. Otra vez déjale el manual de instruccionespor si acaso,ja,ja,ja.¡¡Que bueno!!
    Besos sin desmontar.

    ResponderEliminar
  2. Me encantaría verte por un agujerito.

    ;-)

    Yo te recompongo...
    :P

    Besos, mi cosa guapa.

    ResponderEliminar
  3. jeje, estaría bueno¡
    Al menos así tendríamos la oportunidad de cambiar de aspecto.

    Y es que lo niños a esas edades¡¡¡

    Besos acróbata.

    ResponderEliminar
  4. jajajajaja( deberíamos fijarnos antes en el tipo de programación que ofrecen en la caja, independientemente de su franja horaria...) en cualquier caso, te reenvio el coment que me dejaste: " la espontaneidad y franqueza de los niños debería ser el ejemplo a seguir por los adultos" así, cada vez que algo o alguién nos desmontara, no invertiríamos tanto tiempo en tratar de recomponernos.

    Besos acróbata!!!

    ResponderEliminar
  5. Que hijo tan creativo.
    Deberías estar contento.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  6. Hola Tomás!!
    Le sobra imaginación y es que hay edades en las que no le temen a nada,tienes que estar bonico,con la nariz en la oreja y una pierna en el hombro,jaja!!
    No dejes que vea la caja tonta!
    Un abrazo!!

    ResponderEliminar
  7. Los niños son impredecibles e imaginativos. Saludos.

    ResponderEliminar