domingo, 3 de junio de 2012

El ojo de la cerradura.


Recuerdo que de pequeño me fascinaba el asomarme a mirar por los ojos de las cerraduras. No penséis mal, no era cuestión de una insana costumbre para satisfacer mi parcela morbosa, recordar que era un niño y el morbo era una faceta desconocida para mí. Es más, asiduamente por el que más miraba, aparte del de la puerta de la calle, era precisamente por el que daba a mi cuarto, por supuesto, cuando este se encontraba vacío. Me sorprendía la distinta perspectiva que se me ofrecía desde aquella situación, en cierto modo llegaba a sentirme como un pirata oteando el horizonte con su catalejo en busca de algún posible tesoro oculto. Así, aquel cuarto, de sobra por mí conocido hasta en sus más pequeños detalles, desde el ojo de cerradura de su puerta resultaba ser totalmente distinto, adquiriendo nuevos matices que solamente era capaz de vislumbrar desde esa posición. Por ejemplo, yo sabía perfectamente que mi armario ropero era de dos puertas, pero desde aquella estratégica situación, que en verdad no me permitía ver por completo toda la habitación, me hacía creer que ese armario era justo el doble y entonces mi imaginación volaba consiguiendo que interiorizara que justo, tras las otras dos puertas inexistentes, guardaba todo aquello que en algún momento había podido desear. Era tan poderosa en ocasiones la sugestión a la que llegaba mi mente tras pasarme un buen rato mirando que incluso llegaba a dudar y entonces abría de golpe la puerta y todo volvía a las dimensiones normales que tan bien conocía. Después, con los años, por motivos educacionales y otro que nunca me atreví a confesar a nadie, fui perdiendo esa costumbre que decían en casa que estaba muy fea, aunque yo insistía una y otra vez que nunca miraba cuando sabía que había alguien dentro, pues perdía todo la magia y curiosamente tampoco alcanzaba a ver ningún cambio reseñable. De este modo, poco a poco fue cayendo en el olvido ese entretenimiento con el que tan buenos ratos imaginativos yo pasé en aquellos años en los que todo se veía distinto según desde el ojo de la cerradura del que mirase. Sin embargo, hace poco, estando solo en casa, de manera casual (a consecuencia del resbalón de la puerta que no encajaba bien en el hueco del marco), se me ocurrió mirar por el ojo de la cerradura de la puerta de mi habitación y cuál no fue mi sorpresa cuando de pronto me sorprendí viéndome a mi mismo de niño dentro de mi viejo cuarto infantil, el que tantos años tuve en casa de mis padres. Inmediatamente abrí la puerta de golpe y todo volvió a la normalidad, aquella era mi habitación de adulto y nada tenía que ver con la casa familiar de antaño. Por supuesto tampoco había ni rastro del niño que me miraba fijamente hacía apenas unos instantes, un niño que no me cabía duda se trataba de mí mismo cuando pequeño. De repente  volvieron de nuevo todos los recuerdos de golpe y ahora ya puedo decir el motivo por el que dejé de mirar por los ojos de las cerraduras. En aquella ocasión de mi infancia contemplé justo lo mismo que esta vez, pero a la inversa, aquel lejano día que yacía casi olvidado en el pozo de mi memoria, pude ver al hombre que hoy soy en esta mi habitación de ahora, mientras me miraba estupefacto del mismo modo que yo he mirado hace nada a mi pasado. Nunca se sabe lo que se esconde tras una puerta cerrada, ni tan siquiera si la habitación que tan bien crees conocer es la misma que cuando tú estas dentro.


acróbata

5 comentarios:

  1. Voy a mirar ahora mismo.
    A ver que encuentro...

    Saludos.

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  2. Si hay sorpresa Toro que sea de las buenas...

    Abrazo grande amigo.

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  3. Estoy contigo acróbata. Contemplar desde una perspectiva diferente, hace que todo resulte diferente.

    Besos

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  4. Me dispuse a averiguar a quién encontraba yo tras la cerradura, pero no tengo¡¡ ni una ¡¡ Que chasco.

    Nunca me sucedió verme de adulta pero si que una vez encontré vagando por mi interior a la niña que pedía respuestas.

    Me gusta encontrarme por tu blog este tipo de relatos, resultan muy interesantes y entrañables.


    Besos acróbata.

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  5. Podría quedarme horas en tu blog leyendo todos tus relatos, eres muy talentoso.

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