miércoles, 4 de abril de 2012

¡Ring...Ring!


Hasta hace pocas fechas cuando me aburría me daba por buscarme en Internet. Por supuesto no tecleaba mi nombre real, pensaba yo que sería absurdo, quería creer que ese más o menos siempre lo tenía controlado por donde andaba. Así que utilizaba los apelativos cariñosos por los que me han conocido desde niño mis seres más queridos. La verdad es que nunca había llegado a encontrarme en ninguno de los buscadores utilizados, pero llegó el día en el que me llevé una gran sorpresa cuando en un nuevo momento de aburrimiento vine a dar conmigo. En un principio pensé: << ¡Qué curioso!, este tipo y yo compartimos apelativo, este mundo es un pañuelo>> y siguiendo mi curiosidad me enfrasqué en el intento de conocer algo más de él. Lo cierto, es que tras una exhaustiva investigación, lo que en un primer momento me había parecido un simpático cúmulo de casualidades, comenzó a convertirse en una angustiosa sensación: El individuo en cuestión y yo no sólo compartíamos apelativos cariñosos, también nombre y apellidos, edad, ciudad e incluso intereses. Empezaba yo a pensar que aquello debía tratarse de una broma de esas pesadas que en ocasiones te hacen los amigos poniéndose en contacto con algún ridículo programa de televisión, así que buscando una posible cámara oculta, primero empecé por registrar a fondo los muebles del cuarto, viendo que no daba con ningún artilugio utilizado para la vigilancia, acabé dejando las paredes de la habitación donde tenemos el ordenador con más agujeros que un queso de gruyer, es lo que tiene el ser un fan de las películas de espías. Ni que decir tiene que no encontré ninguna cámara, micrófono o dispositivo electrónico que sirviera para espiarme.
La verdad, era de locos, tanta coincidencia entre ese individuo y yo, menos mal que rebuscando desesperadamente por las distintas páginas que se me habían abierto en mi búsqueda terminé hallando algo que nos diferenciaba. El número de teléfono que figuraba en una de las reseñas que le nombraban no era el mismo que yo tenía, al fin algo nos diferenciaba, a saber a qué conclusión habría llegado mi angustiada mente si no llega a aparecer aquella bendita diferencia.
Quizá cualquier otro habría desistido de continuar, y una vez comprobado con alivio que ese individuo, a pesar de tantas coincidencias, no era él mismo, lo hubiese dejado estar todo como estaba, pero yo no. Sin pensármelo dos veces marqué en mi teléfono móvil ese número. Comunicaba. Esperé un rato y volví a intentarlo. Seguía comunicando. Ya impaciente estuve marcándolo una y otra vez ininterrumpidamente durante al menos un par de horas. Comunicaba, comunicaba y comunicaba. Aquello no era nada normal, cómo iba a estar hablando sin parar durante tanto tiempo. Conociéndome como me conozco posiblemente así hubiese estado indefinidamente, insistiendo una y otra vez hasta dar con aquel tipo. Por suerte la batería de mi móvil tiene menos vitalidad que yo y al final terminó agotada. No me importó, estaba decidido a hablar con aquel hombre costara lo que costara. En ese momento pensé: <<Igual el número es erróneo>>, así que seguí indagando a través de la Red y en una nueva página, que en la búsqueda anterior no había hallado, vino a aparecer otra vez ese número de teléfono. Para mí esto confirmaba que tras esos nueve dígitos encontraría lo que ya llevaba todo el día buscando. Como aún continuaba cargándose la batería, cogí el fijo de casa y marqué nuevamente…Esta vez daba tono la llamada…Al momento comenzó a sonar mi móvil, menudo salto di en la silla. ¿Quién demonios sería ahora?, ¡qué oportuno!
Esperé unos segundo más a ver si con suerte al otro lado del teléfono se ponía el sujeto de mi búsqueda. Nada, ni lo cogía ni tampoco paraba de sonar mi móvil que continuaba conectado al cargador. Colgué, y nada más colgar también se silenció el móvil. Aquello no me gustó nada, vaya día que llevaba con las malditas coincidencias. Me acerqué hasta la mesita donde estaba conectado al cargador, lo desconecté de la fuente de alimentación, marqué de nuevo con el fijo y en cuanto mi móvil comenzó a sonar descolgué…
Aquello no podía ser, durante unos breves segundos yo mismo me contesté y me escuché a través de los dos teléfonos. Inmediatamente colgué y me puse en contacto con el servicio telefónico para que me explicara los motivos por los que al marcar aquel número que no era el de mi teléfono móvil este sonaba. Gustosamente una voz femenina me explicó que el terminal al que yo llamaba tenía las llamadas desviadas a otro número, que ¿casualidades? de la vida si coincidía con este mío. La chica no pudo decirme más acerca de quién había contratado aquel servicio, según me explicó ni lo sabía ni tenía autorización para hacerlo, invitándome a continuación a acercarme a mi tienda de telefonía más próxima para recabar esa información.
Aquello no podía dejarlo yo así, faltaría más, igual ese tipo no se conformaba con aquello y buscaba arrebatarme toda mi vida entera, que no es que fuese gran cosa, pero qué leches, era mía. Como ya era muy tarde decidí irme a la cama a descansar (era un decir aquello de descansar) para a la mañana siguiente acercarme a primera hora a aclarar de una vez por todas aquel mal entendido.
Serían las tres de la madrugada cuando un pitido de entrada de mensajes sonó en el altavoz de mi móvil, rápidamente abrí la bandeja de mensajes y leí sorprendido:
-No malgastes el tiempo buscando, ese número lo contratarás tú en un futuro próximo para hablar con tu pasado, es decir, cualquier día de estos comenzaremos a estar en contacto.
Ni que decir tiene que no me lo creí. A las nueve en punto del día siguiente me personé en las oficinas de mi compañía y tras una montaña de trámites al fin dieron con el contrato de aquel número. Era extrañísimo, debía tratarse de un error informático, me dijeron los sorprendidos empleados, pues ese número había sido contratado por mí pero con fecha bastante posterior a la que estamos en la actualidad. Enseguida se dispusieron a anularlo, pero aún no sé muy bien por qué, les pedí, si aquello era posible, que no anularan ese contrato. El director comercial, un tipo negociante donde los haya, me dijo:
-Por supuesto que no hay problema- añadiendo jocoso:
-No vaya a ser que se marche el usted del futuro a otra compañía.- Estaba claro porque había llegado a Director comercial, lo suyo era hacer negocios sin preguntarse absolutamente nada por sorprendente que pudiera ser.

El caso, es que tras aquel inquietante episodio, he perdido la costumbre de buscarme, no vaya a ser que vuelva a encontrarme de nuevo donde no me espero. Lo más curioso de todo es que todos los días me pregunto por qué no he anulado ese número, y cada vez que suena mi teléfono me asalta la duda de si al otro lado de la línea no estará mi futuro que viene a comunicarse con mi presente. Ya, ya sé, que sin duda todo debe tratarse de un error administrativo de la compañía telefónica… o no, quién sabe.   


acróbata

10 comentarios:

  1. Bueno, si lograste encontrarte al menos sirvió para algo, no?

    Me has hecho pensar en lo que me ocurrió cuando me mudé de casa.
    Me dieron un nuevo número de fijo y éste era el anterior de una chica que tenía un teléfono rosa, o porno de atención al cliente...
    Durante meses intenté que me cambiasen el número sin éxito alguno. Hice varias reclamaciones, en fin, que lo intenté todo.
    Aún cuando todo estaba supuestamente resuelto
    los clientes de "Margot" seguían colándose en mi línea...
    Por más que les dijese y repitiese que no era Margot, sino Eva, (cosa que nunca debí decir) pues entonces se disparaban fantasmas sobre mi nombre...
    De locos.
    Por fin un día logré conversar con un antiguo cliente de Margot, que me dio su nuevo número de teléfono.
    Y sólo así pude transferir las llamadas.
    Aquello duró tres meses...

    Así que ánimo!!!

    Besitos, cosa guapa.

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  2. Está visto que tu futuro se ocupa mucho de ti. No es la primera vez que te visitas a ti mismo.
    Curiosa historia. Yo tampoco me busco no sea que me encuentre.

    Besos acróbata.

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  3. Mira que si es verdad...

    Voy a llamarme ahora mismo.

    Saludos.

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  4. Muchas gracias gente.

    Curioso, mi futuro se ocupa de mí y yo me ocupo demasiado del pasado. En fin, son cosas del presente.

    Abrazos.

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  5. Mira que si buscándote encuentras a otro Toro, ¡qué susto!

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  6. Eva, tú eres una reina y con sólo tu voz ya conquistabas al personal.

    Besos.

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  7. Creo que mi futuro, se va a complicar. Tendrá que elegir compañía.
    Cómo será encontrarse con uno mismo, nos aceptaremos?

    Saludos muchos, Tomás.

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  8. Fantástico relato, Tomás.
    Me ha dado hasta miedo la situación. Tú y tú mismo entre el presente y el futuro.
    Plas, plas, plas... (aplausos y ovación). Me encantaste.

    Hay un anuncio que sale en la tele (de una cadena de hamburgueserías) que toca un tema de alguien que habla consigo mismo en dos tiempos diferentes... Desde que lo vi, ando con esa idea en la cabeza, para contar una historia similar, aunque tú lo has hecho tan magistralmente que dejaré la idea aparcada.


    Un besazo.

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  9. Hola Tomás!!
    La verdad que el tema me ha asustado,no quiero llamarme del futuro y decirme algo de mi presente.
    Reconocería mi propia voz?.
    Es mejor no buscarse,por si acaso...

    Un abrazo!!
    Lo has contado muy bien!

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  10. Creo que no me gustaría hablar conmigo mismo. Me daría mucho miedo.
    Pero la curiosidad me llevaría igual que a ti por lugares desconocidos.

    Estas invitado a "Boleto de ida"
    http://nidaeldore.blogspot.com

    Abrazos

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