jueves, 26 de abril de 2012

Patios interiores.


Todo aquel que viva o haya vivido en algún momento de su vida en un bloque de viviendas comprende a la perfección que nada como asomarse a sus patios de luces para conocer al vecindario. En cierto modo debe de ser algo similar a lo que siente el cirujano cuando a través de una laparoscopia asoma a las tripas de un paciente, que sedado sobre el potro de torturas no tiene forma humana de esconder sus adentros.
Así que, aunque uno no lo busque, acaba por escuchar los reproches de la vecina del cuarto izquierda al marido, pues es de sobra conocido que llega cada noche a casa calentito tras pasar por la tasca de la esquina, (lo cual no quita para que a la mañana siguiente no se canse la pobre mujer de asegurar entre el vecindario que su marido es un bendito al que le marea la primavera). Vamos, pienso yo que algo parecido tendrá que vivir el doctor, que parado frente al monitor que muestra las entrañas del paciente, comprueba consternado como, a pesar de declararse vegetariano el individuo que está operando en ese mismo momento, sus tripas dejan ver bien a las claras que abusa del churrasco argentino.

Siguiendo con el vecindario y con la cirugía abdominal: Otro chasco inesperado que el día menos pensado te llevas, casi sin querer, mientras enciendes el calentador, es como la repentina fe de la viuda del segundo derecha no es precisamente hacía Jesús, la Virgen o algún que otro Santo, como San Pancracio, aunque no pare de plantar en su lavadero ramilletes de perejil, y tanta visita a la iglesia se debe mas bien a la pasión que siente con comulgar luego a solas en su cocina con el joven cura recién llegado al pueblo. Supongo que igual es lo mismito que sentirá el estupefacto médico, cuando continuando con la operación en cuestión, termina descubriendo que ese mismo señor que también se declaraba abstemio de toda la vida, tiene el hígado deshecho de tanto abusar de la bebida, y es que sólo le falta a su pobre víscera tener un cartel de neón anunciando una conocida marca de ginebra.

Es lo que tiene la vida vecinal en un bloque de viviendas y las tripas en las distancias cortas, que por mucho que algunos se empeñen en tapar sus vergüenzas antes o después todo acaba quedando bien a la vista. 


acróbata

7 comentarios:

  1. Y como la gente no es cotilla...

    Pues eso.

    Saludos.

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  2. Jajajaj...

    El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

    En todo caso puedo asegurar que cada vez hay más gente que le gusta publicar su vida, no sé, debe de ser un efecto secundario de esto de las nuevas tecnologías. La verdad es que yo no soy muy cotilla, pero ciego, sordo y tonto del todo tampoco.

    Saludos Toro.

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  3. Uy¡ que el que se pica ajos come¡¡
    ; )

    Pues yo la verdad es que siempre he vivido en primeros y la perspectiva no me da para mirar y hacia arriba como que me duele el cuello y se ve poco.
    ¡Que pensarán de nosotros mis vecinos?? Pensarán mira estos, que presuntuosos poniendo una mesa de terraza y sillas en un patio de luces sombrío y cutre. Pues son mi primera propiedad (de las tres que poseo) que adquirí hace unos 10 años, más bien me regalaron, y entonces tenía una terraza enorme y soleada.

    Y también pensarán; míralos, que de macetas enormes que tienes,pá que¡ pues porque entonces en mi enorme y soleada terraza cultivaba plantas aromáticas y medicinales, y ahora he querido aprovechar los tiestos.... Si es que no siempre todo es lo que parece aunque a veces si.

    Saludos acróbata y gracias por esta entrada tan divertida y entrañable.

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  4. Muchas gracias Alexssa por tus palabras, (sonrío). Que no, que no me pico, todo lo contrario, buen rollito con Toro y también contigo. La verdad es que he intentado hacer una comparación entre la cirugía laparoscópica y el vecindario. Y es que en ocasiones la vida se ve diferente según desde donde se mire...Te invito a comprobarlo, coge un rollo de cocina y observa lo mismo con él y luego sin nada, ya verás la de sorpresas que te llevas.

    Besos amiga.

    P.d: Está bien eso de tener plantas medicinales...¿Entra el té verde en esa clasificación?, si es así, para mí uno con una cucharadita de miel, ¡me encanta!

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  5. Jajajajajajajajaja el puro refinamiento de la paradójica metáfora...

    ¡ acrobacia pura!

    Besos desde la parra !!

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  6. Soy persona muy celosa de mi intimidad y no me gustan nada los cotilleos. Intento mantenerme al margen de conversaciones en la escalera o en el ascensor. A veces, no queda más remedio que entrar al trapo aunque siempre procuro no profundizar. En resumen, no soy cotilla y no me gustan los patios de vecinos.

    Besos, Tomás.

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  7. Pues te puedo asegurar que aquí en París no te enteras de nada...
    Cada uno va a su bola.
    Ni patio de luces tengo.

    Besos, mi cosa guapa.

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