sábado, 17 de marzo de 2012

Ayer.


De pronto estaba allí en medio,
casi rozando el techo
con la punta de los dedos
y aunque creía yo guardar silencio
sin duda era mi voz
la que percibían mis oídos.
Y a pesar de sentirme pesado
como un saco de plomo,
mis pies de pluma
levitaban un palmo por encima del suelo,
mientras, mis uñas casi exhaustas,
luchaban por aferrarse al folio escrito
que me servía de sostén
ante la masa de cuerpos desconocidos
que callados miraban expectantes.
Yo no alcanzaba a ver
las expresiones de sus rostros,
sólo alcanzaban mis breves miradas
a contemplar una marabunta
de pies, troncos, manos, cuellos, cabezas y bocas
que registraban sin ojos en mi interior,
haciéndome sentir desnudo de piel adentro.
Las letras prisioneras
que escapaban de mis labios
formaban palabras y éstas versos
que ingrávidos como pompas de jabón
echaban a volar
buscando primaveras azules
donde corriesen libres las olas del mar,
pero pobre de ellas
apenas unos metros más allá
acababan engullidas por aquellas gentes
tan desconocidas para mi anónima vida.
Y cuantos más alientos escapaban de mi garganta
más y más me desnudaba
a la par que la carne de mi cuerpo
se iba cayendo a pedazos,
dejando al aire un espíritu imperecedero
que no tenía nada de especial,
pero era el mío y mostraba todo lo que soy.
Avanzaban mis ojos recorriendo sin demora
cada letra,
                  cada palabra,
                                        cada verso…
Y a cada mirada
una nueva pompa de mi historia
echaba a volar
de la página que me sostenía en pie,
huyendo para siempre de mi silencio,
hasta que llegó el tan temido momento
en el que quedó en blanco el folio
y mis uñas rotas en mil pedazos
ya no podían sujetar aquel pedazo de papel,
entonces mis pies ligeros como plumas
comenzaron a hundirse en la sima
que se abría bajo ellos
y mi cuerpo pesado como el plomo
echó a volar lejos de mi espíritu,
dejándome allí abandonado a mi suerte.
En mi mundo todo estaba al revés,
yo permanecía allí, bajo los focos,
dejando visible lo que en mí crecía,
cuando hasta entonces
lo mío había sido vivir tranquilo
lejos, muy lejos del mundanal ruido.
En un último intento por escapar de aquello
apreté los ojos con fuerza
y al abrirlos de nuevo
comprobé aliviado la realidad…
Todo había sido un sueño,
yo seguía tranquilamente sentado
cara a cara con mi pensamiento
escribiendo acerca de este mi tiempo.


acróbata

8 comentarios:

  1. Un sueño inolvidable.
    Que bien que despertaste.

    Saludos.

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  2. En mi mundo todo anda al revés...
    y aún cuando me despierto, es un tanto de lo mismo.

    Besos, guapetón.

    Muy bueno el adivino cubano :)

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  3. En mi mundo faltan horas a los días pero sé que pasará y eso me consuela.
    Menos mal que todo era solo un sueño.

    Eres un tesoro de escritor.
    Un abrazo a lo grande.

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  4. Muchas gracias por vuestra visita.

    Al menos en mí todo sueño tiene su parte vivida en la vigilia.

    Abrazos y buen fin de semana.

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  5. Hay miradas que nos desnudan, sin ojos, descubriendo en cada palabra nuestra un trocito de nosotros mismos. Pero al final resulta que es posible que seamos nosotros los que nos quitamos las corazas aunque sea muy de tarde en tarde. O en sueños.
    Ya me quedo yo divagando con tus palabras. Gracias por compartir. Besos

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  6. Despertar es un alivio, muchas veces. O no...

    Saludos muchos, Tomás.

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  7. Muchas gracias por vuestra visita.

    Me sigue sin agradar el recitar en público. A mí me gustaría que mis letras hablaran por si solas, pero no, en ocasiones me toca a mí leerlas y no me quejo, todo lo contrario es un premio a mis versos. En fin, supongo que si se da el caso, con la práctica llegaré, si no a disfrutar del todo recitando, si al menos a no sentirme desnudo de piel adentro.

    Abrazos.

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  8. Pues yo te deseo todo lo contrario. Ojalá que nunca dejes de sentirte desnudo ante tu poesía porque eso es lo grande de tus versos, tu interior, que trasciende al leerte.
    Besos

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