lunes, 30 de enero de 2012

Made in.



Tal vez a consecuencia de su maltrecha economía o quién sabe, quizás porque se encuentra más sensibilizado con el mundo que le rodea, mi amigo Evaristo, últimamente tiene la impresión de estar viviendo una vida falsificada, donde a poco que preste algo más de atención a su entorno, nada le parece el original de lo verdadero y todo es una burda copia adquirida en el comercio chino de la esquina. Así, desde los mismos famosos calzoncillos firmados por una conocida marca comercial, que su abuela se empeña en que use por lo económicos que salen comprándolos por lotes, hasta los buenos días que le dan los vecinos cuando se cruza con ellos cada mañana en el portón de su edificio, casi todo desprende para él cierto tufillo a mala imitación de lo real.

Evaristo, al que nunca le ha gustado vivir de cara a la galería y no entiende eso de tener que dar una imagen social adecuada con el momento, decidió hace ya algún tiempo, en aras de conseguir que le dejaran vivir tranquilo, seguir el ejemplo de aquellos que gracias a sus baratas imitaciones sin alma están haciéndose con el primer plano de las actividades diarias de la vida. Así que se puso a buscar en el abarrotado almacén de bienes embargados de su jefe, hasta que tras un día entero de arduo trabajo, por fin halló todo lo necesario para llevar a cabo su plan: Un viejo maniquí de cuerpo completo que prácticamente tiene su misma altura y hechuras, una peluca con la misma tonalidad que su cabello y por supuesto ropas y complementos de primeras marcas en perfecto estado. Ya lo tenía todo para que ese maniquí le sustituyera en todo aquello que siempre ha detestado hacer, sólo era cuestión de ir poniéndole lo que estuviese de moda y el ir recolocándolo en el lugar preciso que las buenas costumbres demandasen. Como mi amigo no descuida nada, también le incorporó un pequeño aparato reproductor que no se cansase de decir una y otra vez la expresión verbal que todo oído espera escuchar. Desde entonces, cada día lo planta vestido de manera desenfadada y a la vez elegante, de oficinista joven, divertido y a la última, junto a la entrada de la prestigiosa empresa multinacional que hay cercana a su lugar de trabajo. En un principio pensó situarlo en la misma puerta de acceso a su oficina, pero como la empresa para la que trabaja no está muy bien vista, decidió siguiendo lo demandado por el buen gusto, colocarlo en un lugar al menos tan concurrido como el umbral de su puesto de trabajo, pero con el prestigio que la Sociedad demanda. Más tarde, después de permanecer saludando durante la larga jornada laboral, lo acerca a misa de las siete en punto a la parroquia principal del pueblo, por supuesto, para esta cita le cambia la indumentaria, vistiéndolo de manera más recatada y clásica, como mandan las buenas costumbres cristianas. Como Evaristo está en todo, también le cambia la cinta grabada del reproductor que lleva incorporado para que cada poco esté diciendo entre susurros amen y no el consabido “hola” del resto del día. Por último, no queriendo perder la oportunidad de relanzar su apagada vida social, lo sitúa vestido a la última, con su espectacular peinado y con un sin fin de llamativos complementos de marca a la puerta del bar de moda de la localidad. No parando, gracias a un cd pirata comprado en el top manta, de canturrear con voz golosa las últimas novedades del panorama musical.
Y así han ido pasando los días, mi amigo tranquilamente llevando la existencia que siempre le ha gustado llevar (pasar desapercibido, haciendo, vistiendo y diciendo lo que le venga en gana, eso sí, sin molestar ni perjudicar a nadie) y su plastificada falsificación proporcionándole una vida modelo en cada momento con lo demandado por la Sociedad de la imagen adecuada.
Lo más curioso de todo esto es que, tras el paso del tiempo, son muy pocos los que se han percatado de este hecho, lo cual me lleva a la siguiente conclusión:
Una de dos, o la gente cada día se fija más y más sólo en el aspecto externo de las personas, importándoles un bledo lo realmente importante, o quizás los amos del comercio mundial han inundado las calles de nuestras localidades de maniquís que están supliendo a las mil maravillas a los seres humanos. Como por desgracia existen personas con nula educación, por lo visto también hay falsificaciones de éstas que copian sus comportamientos.

                                acróbata

4 comentarios:

  1. Pues una de dos, creo que me quedo con las dos en este mundo de copi-pega que da el pego hasta en la falta de humanidad.

    Besos.

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  2. Evaristo sabe latín.
    Es más listo que el hambre.

    Saludos.

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  3. Hay muchos "plastificados" ya en este mundo.Y qué difícil es descubrirlos. Pero tambien, hay más "ceguera".

    Saludo enorme, Tomás. Que tengas lindo martes.

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  4. Evaristo tiene un fondo que ya quisiéramos tener muchos, al menos yo.
    Un tipo sencilo que pasa por el mundo sin molestar (aunque a veces, se pase).
    Me gusta, Tomás, me gusta mucho.
    Un beso enorme.

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