sábado, 7 de enero de 2012

Las suegras.



Mi amigo Evaristo, a pesar de ser un soltero empedernido al que no hay modo de meter en vicario, es el hombre de las muchas suegras en el barrio y no porque haya tenido a lo largo de su dilatada vida amorosa demasiadas relaciones serias, la verdad es que yo recuerde sólo un par de ellas:
La primera en tercero de primaria, cuando estuvieron Angustias y él sentándose juntos en clase de ciencias durante un par de semanas, justo lo que tardó la maestra en explicar los órganos reproductores en los mamíferos. Y la segunda, si es que a eso se le puede llamar relación duradera, la comunicación telefónica que mantuvo un invierno con una teleoperadora de una línea erótica (tengo mis sospechas de que también era la misma Angustias de la infancia), y eso porque ese año el frío invernal fue muy intenso y tenían la calefacción de casa estropeada.
El resto de sus relaciones siempre han sido volcánicas, explosivas, piroclásticas, incendiariaspero efímeras como una erupción de unas pocas jornadas. Y no porque mi amigo sea un sinvergüenza que nada más vaya a lo que va, casi siempre son ellas las que acaban dejándolo a consecuencia de la fijación que sienten las madres por él. No sé qué es lo que tiene, pero señora mayor que siquiera lo ve del brazo de su hija y nada, ya lo quiere de yerno, eso al menos asegura él, pues no paran de hacer lo que suelen hacer las suegras (meterse en la vida de uno)
Mi amigo, que es todo corazón, trata de no defraudarlas y en cuanto alguna le pregunta sus intenciones acerca de su hija, él muy serio le contesta que hacerla abuela cuanto antes y si puede ser por partida doble mejor que mejor, (Evaristo está convencido que todas las mujeres que ya no pueden ser madres por motivos evidentes de edad están deseando ser abuelas, pues el instinto materno nunca se pierde del todo). Tampoco es de extrañar que ante semejante declaración de intenciones sean las hijas las que siempre hayan salido escopeteadas de su lado. Hecho éste que no quita para que las madres continúen prendadas de su embrujo, pues cómo si no se entiende que el nombre Evaristo sea el más oído cada mañana entre las voces femeninas que recorren los puestos del mercado de abastos, (punto álgido de encuentro de chismosas).
Así Evaristo no para de estar en boca de la verdulera y sus clientas, quizá no sólo por el parentesco familiar fallido, y es también porque su hija es una fresca que ha terminado casada con un lechuguino de tres al cuarto y aún haya noches en las que mi amigo hace visitas a su huerto siempre carente de siembra. También es muy nombrado por la pescatera y sus clientas, tal vez puede tener algo que ver que tras romper con mi amigo, su niña se tirase un tiempo haciendo las Américas por los arrabales del puerto, menos mal que terminó pescando a un merluzo que no se entera de lo bien que navega aún Evaristo entre las aguas de su lecho. La carnicera, una de las más encaprichadas con mi amigo, no habla tanto, (ya larga la clientela) pero rara es la semana que no se carga un par de hachas atizándole duro a los costillares, pues sorda no es y su hija, mujer bien casada con un buitre fanfarrón, que más parece un palomo de tanto sacar pecho en las barras de los bares, que un señor empleado en el banco del barrio, aún duerme un par de domingos al mes en casa de mi amigo con la excusa de cuidar a su abuela. Lo peor de todo es que sus nietos tienen la mismita mirada traviesa que el bueno de Evaristo y él, que es muy cumplidor, cada vez que se cruza con la buena mujer le guiña el ojo diciéndole:
-       Que nietos más guapos tienes, no tendrás queja.

Así es mi amigo Evaristo, un soltero empedernido, incapaz hasta ahora de llevar una relación sería, es tan cumplidor y tiene tantos compromisos que atender en su barriada, que mientras en el ADN del género femenino (en el masculino a él le da igual, no es nada celoso con las mujeres de los demás) esté escrito a sangre y fuego el improductivo sentimiento de los celos, veo muy difícil que se comprometa. No es por nada, es simplemente que su corazón no le deja decir no a nadie que le mueva algo, y claro, las mujeres del barrio le mueven tanto


acróbata

8 comentarios:

  1. Con que generosidad Evaristo regala genes a diestro y siniestro.

    Evaristo es todo un ejemplo de altruismo.

    Y muy listo.

    Saludos.

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  2. Unas Odas para el gran Evaristo.

    saludos

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  3. Yo, como Evaristo, tampoco soy celosa con los maridos de las demás
    :P
    Besos, cosa guapa.

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  4. Las tiene a todas en el bote, y es que es estupendo.
    Creo que el personaje se está sofisticando algo, de cuando comencé a leerle, y eso es bueno para él. A mí cada vez me tiene más enganchada.
    Un besazo.

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  5. Huye, Evaristo, huye de las suegras!!!


    Saludo enorme, Tomás. Lindo finde.

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  6. No sabe ni nada Evaristo... todo bondad... jajaja

    Besos mediterráneos.

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  7. Me encanta Evaristo, me emociono cuando escribes sobre él. Besos :)

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  8. Qué peligro de Evaristo...
    ¡Feliz 2012, Tomás, y a Evaristo que siga como está, que tampoco él se puede quejar!

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