viernes, 20 de enero de 2012

En paz.


Aunque las leyes de la arquitectura aseguren que los alféizares se hicieron para salvaguardar a las fachadas de las inclemencias del tiempo, la cruda realidad demuestra que se idearon para dar una última oportunidad a los suicidas antes de consumar su salto al vacío desde la ventana elegida. Por supuesto, siempre habrá algún espabilado de turno que objete que las ventanas que apenas si levantan un metro del suelo también tienen este elemento arquitectónico, cierto, pero es que en ningún manual conocido se describe el modo apropiado de suicidarse. ¿Y si el futuro cadáver decide intentarlo arrojándose cientos de veces desde ese metro escaso de altura hasta que las leyes de la probabilidad hagan su oficio y en una de esas caídas aterrice en mala postura y termine de una vez desnucado? Lo menos que se puede pedir tratándose de un tema tan serio y personal es un mínimo de respeto, así que cada cual se suicide como mejor crea conveniente. Comprobando cada mañana las esquelas de difuntos en los diarios, creo que la inmensa mayoría es partidaria de ir matándose poco a poco hasta que llegue el día que la muerte termine por rematar ese constante trabajo, en cierto modo es un suicidio pasivo. Así es la vida, un avance constante hacía la muerte, unos deciden seguir el camino principal, otros, quizás los menos valientes, deciden tomar atajos.

-Hombre, ¿qué haces ahí arriba?, ¿no ves que te puedes caer?
- Déjeme en paz, ¿no se ha dado cuenta que pretendo acabar de una vez con mi vida?
-En verdad, ¿qué pretendes, matarte o caerte?
-¿Acaso no es lo mismo?
-Para nada, te puedes matar igualmente sin necesidad de pegarte semejante costalazo.
-Verá usted, abuelo, es que es la primera vez que me voy a matar y claro me falta experiencia.
-Ya, ya se nota que eres un suicida aficionado, anda dame la mano y bájate de ahí, que ya te contaré yo.
-Agárreme  fuerte abuelo, no me vaya a caer y me haga daño.
-Sí, porque otra cosa iba a estar difícil desde apenas un metro de altura.
-Bueno, ya sabe, uno que nunca se ha suicidado antes.
-Tranquilo hijo, yo de suicidios entiendo un rato, ya van para ochenta años matándome y nada, que aún no lo he conseguido, pero no desespero, cada hora que pasa más cerca tengo el éxito.
-Y yo, cómo hago para quitarme de en medio.
-Bueno por la vía rápida no te lo voy a decir, es que estoy en contra, pero de la otra manera tengo mucha experiencia a cuestas y si decides esta segunda vía no me importará asesorarte, es bien sencillo.
-¿Es indoloro?
-No, no puedo engañarte, duele, pero sólo a ratos, y a otros ratos, los menos, incluso gusta.
-Oiga, no será usted masoquista, es que a mí me repele eso de gozar con el sufrimiento.
-Tranquilo hombre, que no, que con mi método se sufre a plazos y en ocasiones se goza, depende de cómo vengan las cosas.
-Pero, ¿se sufre mucho?
-No hombre, ¿además tú no estabas dispuesto a suicidarte arrojándote al asfalto desde esa ventana?
-Bueno sí, pero ya no, venga, dígame su modo.
-Sólo si me prometes seguirlo y abandonar esa idea del suicidio, tú no vales para eso, eres un simple aficionado.
-De acuerdo, pero que conste que es porque no tengo práctica, que si digo de entrenarme en ello seguro me hago un campeón del suicidio, menudo soy yo, tengo un alma competitiva que ni se imagina.
-Te creo, te creo, en fin ahí va mi método infalible, estate atento, porque nada más te lo voy a decir una vez: ¡Viviendo!
-Anda, pues es verdad, yo hasta ahora solamente he venido malviviendo pensando en la muerte. Gracias abuelo, por cierto, ¿cuál es su nombre?
-Salvador, buenos días tengas y buena muerte tras vivir muchos años suicidándote cada día un poco.
-Adiós.
-Adiós.

<< Ay, la de suicidios que se ahorrarían en este mundo de locos, si la gente tuviese cinco minutos en ese mal trance para desahogarse con alguien y lo más importante, que ese alguien la escuchara de verdad>> Pensó el viejo Salvador una vez que en su paseo diario por la ruidosa calle dejó atrás a otro nuevo hombre que no tenía quien le escuchara.


acróbata


10 comentarios:

  1. Aquí el suicidio es el deporte nacional.
    Ventanas, metro...
    El mal del siglo.
    Sin palabras.
    Besos, guapetón.

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  2. Los suicidas no respetan la cola.
    Son de lo que no hay...

    Saludos.

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  3. Increíble y dolorosamente cierto, aumenta el individualismo, el desamor y con ello la muerte en vida, o la propia muerte.

    Mi querido Tomás, recién ahora veo tu comentario en el poema a mi hijo. Tú más que muchos sabes, entiendes lo que me ha costado su ausencia y ciertamente, estoy incompleta.
    Gracias a Dios, se acerca.

    Ya tengo la internet, así que espero poder estar un poco más seguido, aunque sabes no te olvido.

    Abrazos

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  4. Calla, calla, que el otro día intenté suicidarme y un poco más y me mato.


    Un abrazote!!

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  5. Vivir de muerte, morir de vida...
    Este Heráclito....


    Saludo grandote, Tomás. Buenas noches o tardes...

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  6. Todos necesitamos a ese alguien que se entretenga con nosotros cinco minutos y nos preste atención...
    No entendería muchas cosas de la vida si no lo tuviera.

    Besos, Acróbata.

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  7. Hola Tomás!!
    Necesitamos a alguien al lado que nos escuche,que nos hable,que nos de una mano amiga.

    Gracias por tu comentario en mi blog!!
    Un abrazo!!

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  8. Aunque lo tocas con humor, es tan dramático y tan real lo que expresas.
    La de suicidios que no habrían ocurrido si alguien los hubiera escuchado, aunque sólo fuera cinco minutos...
    Besos.

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  9. Muy, muy bueno, Acróbata. Siempre he pensado que vivir es morir un poco cada día y que la muerte forma parte de la vida, pero nunca hubiese matizado esta idea con el suicidio lento e inexorable que es vivir; con todas sus alegrias y tristezas.

    Me ha gustado mucho la reflexión y el diálogo no tiene precio.
    Un beso

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  10. ¡Fantástico! Me has alegrado el dia ome, mucha suerte.

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