domingo, 22 de enero de 2012

"Bzzzzzzzzzz"


Desperté de golpe en mitad de la noche, estaba realmente sobresaltado y decidí levantarme e ir a la cocina a tomarme un vaso de agua que calmara mis nervios. Cuál no fue mi sorpresa, cuando al incorporarme de la cama, de pronto salí volando. Al momento me encontraba sobrevolando mi cama, allí estaba mi mujer durmiendo plácidamente, intenté llamarla, pero cuanto más intentaba yo hablar, elevando incluso el volumen de mi voz, a consecuencia de la desesperación que me embargaba, más y más poderoso se hacía el incómodo zumbido que salía de mi cuerpo. Me acerqué aleteando al espejo del tocador y gracias a una recién adquirida capacidad de visión nocturna, pude contemplarme en cientos de pequeños reflejos que asaltaban mi cerebro, lo que tanto estaba temiendo desde el mismo momento en el que salí volando de mi cama era cierto, no había sido una pesadilla, me había convertido en un moscardón. ¿Cómo habría sucedido?, ¿qué hacer para recobrar de nuevo mi forma humana?, ante todo, me dije a mi mismo que lo último era perder los nervios. Siempre podría haber sido peor, pues al menos seguía dentro de la seguridad que da el hogar y gracias a Dios no era un moscardón con dimensiones sobrenaturales. No sabía que pensar, así que decidí que el primer paso debía ser tratar de buscar ayuda en mi mujer, intenté despertarla por medio de mis zumbidos en su oreja, pero ante un par de rápidos manotazos entre sueños que me lanzó y que casi consiguen derribarme en pleno vuelo, comprendí que esa manera de llamar su atención no era nada efectiva, además de altamente peligrosa. La verdad, esto se convirtió en un serio contratiempo, pues sospechaba que despierta tampoco iba a reparar en que yo no era un moscardón corriente del montón, sino su marido, al que el destino o qué sé yo que tipo de artilugio o maldición, habían convertido en un insecto repelente. Tratando de no desesperarme y no resignarme en la desgracia, ideé servirme de mi gato para llamar la atención de mi señora, es bien sabido que los animales son más perceptivos que nosotros los humanos e igual mi minino si percibía que yo era su amo y no un simple bicho volador. Me dirigí al vuelo a su búsqueda, no sabía exactamente donde estaría, pues es algo caprichoso en cuanto al lugar donde pasar la noche y rara es la ocasión en la que repite lugar de descanso nocturno. Me las prometía yo muy felices volando a baja altura por el pasillo de mi casa, cuando nada más doblar la esquina que da acceso a la salita, me escapé, por apenas unos milímetros, de un tremendo zarpazo gatuno que apunto estuvo de mandarme al otro barrio. Era evidente que volar a poca altura había sido una mala opción, comenzaba a sentir que la vida de un insecto volador está bien llena de peligros. Una vez superado semejante susto, armándome de valor y jugándome el tipo en más de una ocasión, logré detenerme justo sobre la nariz de mi gato, que exhausto ante una mosca tan pesada, se permitió un ligero descanso aún a costa de soportar semejante osadía. Al instante, comprobé como sus enormes pupilas dejaron de mirarme con la fiereza propia de un felino, para pasar primero a la sorpresa y poco a poco a la compresión de lo que estaba sucediendo. En un nuevo arrebato de valentía por mi parte, me jugué el todo por el todo permitiendo que su enorme garra de uñas afiladas como guadañas, me capturara. Estaba claro, que si no conseguía ganarme al gato, me iba a resultar prácticamente imposible llegar hasta mi mujer para que ésta me ayudase, no sabía cómo podría hacerlo, pero era la única opción que barajaba mi mente. Mi mascota no me defraudó, y después de acercarme con su garra más aún a sus enormes pupilas dilatadas, me dejó con suavidad sobre la mesa baja, justo a la altura de sus ojos. Hasta ese momento, yo no había intentado siquiera comunicarme con él, cómo hacerlo, si cuanto más y más intentaba hablar, más y más alto era el zumbido que emanaba de mi cuerpo articulado. Estaba yo perdido en estos pensamientos, cuando de pronto escuché nítidamente:

-¿Qué te ha pasado amito?
No podía ser, se trataba de mi gato, de eso no había duda, pues en realidad no era esa pregunta lo que yo había escuchado. Lo percibido por mis oídos había sido un pequeño maullido, pero incomprensiblemente, (claro, que qué había de comprensible en esa noche que ya comenzaba a clarear por las rendijas de las persianas echadas), mi minúsculo cerebro lo había descifrado sin apenas esfuerzo, le contesté con un zumbido:

-No lo sé, he despertado así de golpe.

Una de las cosas más increíbles de todo este asunto, era precisamente la comprensión de mi gato, pues después de exponerle mi plan, él enseguida se ofreció a ayudarme en su desarrollo. Algo por otro lado, que a él le iba a suponer arriesgarse a verse castigado en el balcón, ya que sin duda, no iba a ser tarea fácil para él, el lograr despertar a mi mujer tan temprano, dirigirla hasta la lupa de aumento que teníamos en un cajón del escritorio, que la cogiera y que después tuviera la paciencia de contemplarme a mí. A ver si como había sucedido con él, conseguía prestarme la suficiente atención, para entonces, pobre de mí, parado sobre la mesa del escritorio, intentar hacerla comprender que era yo, su marido y no un moscardón que se había colado en casa. Sí, ya sé que era un plan estúpido y desesperado, pero la situación para mí era a la vez estúpida y desesperada, además, era el único plan que se me había ocurrido y al gato le parecía también el más adecuado. Qué más podía pedirle a mi mascota, bastante tenía el pobre minino con no liquidarme, ya que según me comentó, tenía por obligación eliminar cualquier visitante que entrase en sus dominios, y no sólo por responsabilidad de habitante de este hogar, nuestro hogar, sino incluso más aún por orgullo felino.

Y no, no fue tarea sencilla para mi gato, pero, demostrando un empeño fuera de lo común en él y un poder de convicción que yo desconocía, (quiero pensar que no era sólo porque sabía que si yo me quedaba como mosca, iba a ver reducida justo a la mitad todas las prebendas que goza en casa) consiguió llevar a mi mujer hasta la lupa de aumento. Ahora venía la parte más peligrosa y decisiva, en la que yo tendría que detenerme justo en la mesa delante de ella, para que cuando me observara detenidamente con la lupa, mirarla yo a los ojos y al igual que mi gato con anterioridad, percibiera en mis cientos de celdas oculares el brillo inconfundible de mi mirada. En ningún momento dudaba yo que ella no me reconocería. Hice un vuelo bien llamativo y sonoro rozando su cara, y en un perfecto aterrizaje me posicioné justo sobre el centro de la mesa, debajo de la lupa que sostenía su mano. Ella, enseguida, felicitó al gato, diciéndole:

-Ah, ¿esto es lo que querías que viese?, ¿que se había colado un moscardón en casa? Buen gato, buen gato, pero no te preocupes, esto no es nada,-  y casi sin terminar de felicitar al gato por su acción, ¡zas!, dejó caer con fuerza la enorme lupa hacía mí desvalido cuerpo articulado

Al instante, sentí un bofetón en mi mejilla y desperté en mi cama bañado en sudor, mientras mi mujer me gritaba desesperada:

-Gracias a Dios que he conseguido despertarte, llevabas más de cinco minutos haciendo un ruido extrañísimo, como de moscardón, e intentabas echarte a volar- Ante mi sorprendida mirada, ella, algo avergonzada, me pidió disculpas por la sonora bofetada diciendo:

-Lo siento cariño, ya sé que suene increíble, pero es la pura verdad y no había forma humana de despertarte, así que como te veía tan mal y ya no sabía que más hacer tratando de despertarte, tuve que golpearte para que reaccionaras.

Toda esta mala experiencia, aquí hubiese quedado, si no fuese porque mi gato desde entonces me mira muy extraño y cuando estamos a solas se detiene justo delante de mí e intenta maullido a maullido comunicarse conmigo, y no me refiero a llamar mi atención para que le rasque, le eche pienso o juegue con él, no sé, quizás son sólo impresiones mías. De lo que no tengo dudas, es que mi mascota se merece todo el cariño que le damos, con los humanos no hay modo de entenderse siendo de otra especie (algo por otro lado que ya sospechaba, pues ni entre nosotros mismos nos entendemos) y por último, que la vida de un moscardón es tan miserable, que mejor acabar con ellos sin contemplaciones para liberarlos cuanto antes de su terrible existencia.


acróbata

7 comentarios:

  1. Joder... es muy bueno.
    Mucho.
    Te felicito.

    Saludos.

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  2. A Toro: Muchas gracias amigo.

    To Harry: Thanks friend, just for you.

    Saludos.

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  3. Sobre el final, me oregunatba cómo sería si la humanidad se entendiera...qué caos de paz!!!

    Ayer te leí, pero don blogger decidió no dejarme comentar ni como anónimo.

    Saludos atrasados, Tomás. Buenas noches.

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  4. La verdad es que me has hecho meterme en tu moscuna piel. Me he sentido por momentos mosca, gato y persona (esto menos) y has conseguido trasladarme tu angustia y tus reflexiones. Es realmente angustioso perder hasta la más mínima capacidad de comunicarse... ¿Una humanidad capaz de comunicarse con todo su entorno? Bonita utopía. Muy buen relato.

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  5. Hola Tomás!!

    Me ha gustado mucho tu relato,sin duda,tu gato,es muy inteligente y como buen amigo reconoce cuando alguien necesita de su ayuda,jaja,casi casi como las personas,pero ellos con total desinterés,lo hacen porque nos quieren y estoy segura que le gustaría mucho que lo entendieras..

    Sobre los moscardones decirte que son muy pesados y algo tontos,pues cuando uno se cuela en casa abro bien la ventana para que se marche y el muy tonto empieza a dar vueltas y le digo,vete,no ves que si no te voy a aplastar?,claro a mi no me entienden y sucede lo inevitable.

    Un abrazo Tomás!!!
    Me gustan tus historias cada vez más!!

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