jueves, 15 de diciembre de 2011

Obra divina.


El aparato digestivo, ese gran desconocido, es una sima oscura, supuestamente compartimentada, enrollada, repleta de ácidos y bacterias que todo lo que traga lo convierte en mierda. Sí, ya sé que es malsonante, pero es la pura verdad. Lo más preocupante es que en realidad de este aparato nada más que conocemos su comienzo, su final y el resultado de su trabajo. Así que aunque sea considerado imprescindible para la vida también es cierto que es muy poco agradecido con la transformación que ejecuta en su proceso. Los entendidos en la materia dirán que su funcionamiento es de una precisión magnífica, digna de mención al igual que el resto de los aparatos del cuerpo humano. Dicho sea de paso, menos los que funcionan completamente de manera interna y cerrada, todos los demás unos guarros, pues menudos residuos generan. Pero centrémonos en el digestivo, que es el que nos ocupa. Yo, un auténtico ignorante en temas anatómicos, nada más que hablo de lo que creo conocer, bien poco la verdad. Así, comparando el susodicho aparato con algunos ingenios industriales del mundo que nos rodea, no entiendo como aún se atreven los entendidos a discutir sobre la perfección casi inigualable del aparato digestivo. Comparemos a grandes rasgos pues:

La siderurgia, sin ir más lejos, toma el hierro de la tierra, un simple mineral rocoso, metálico, con tonos rojizos y tras su transformación es capaz de convertirlo en algo bello, práctico, duradero, que puede facilitar la vida a la gente. Sin embargo, el aparato digestivo se come un buen plato de lentejas, (al fin y al cabo con gran contenido en hierro) normalmente, si está bien cocinado, sabroso y con unos aromas que invitan a disfrutarlo. Y tras unas horas o todo lo más un par de días, no hace falta comentar aquí en lo que terminan las lentejas. Y  qué decir de las habichuelas, por ahí mejor no continuar.
Otro ejemplo, pasemos a la industria química, una auténtica ciencia del milagro. Toma un líquido negruzco, pestilente, pegajoso, vamos que parece un residuo del mismísimo infierno, aceite de roca lo llamaban los romanos, nosotros petróleo y tras una serie de transformaciones, más de alquimistas que de otra cosa, hasta en perfume consigue convertirlo, qué decir a eso. Por el contrario, nuestro perfecto aparato digestivo, toma de la misma tierra el oro líquido de la gastronomía mediterránea, el aceite de oliva, (fuente inagotable de salud) y tras ser usado para cocinar los más diversos manjares que nos zampamos en un santiamén, cuál es el resultado que nos presenta. Ay, menos mal que los escusados no saben hablar.

En fin, así podríamos seguir dando ejemplos, pero para qué, ¿para hacernos mal cuerpo?, no merece la pena. Lo único que me ha quedado claro al respecto del aparato digestivo es que como toda obra de Dios, su funcionamiento interno y su supuesta valía es más una cuestión de fe que otra cosa, pues yo sé perfectamente lo que meto por mi boca y también sé, tanto por los ojos, como sobre todo por el olfato en lo que termina convertido. Así, que como soy agnóstico, no puedo estar a favor de él, aunque quisiera y comiendo espero una prueba irrefutable de su valía para creer a pies juntillas en la perfección divina de su funcionamiento.


acróbata


8 comentarios:

  1. Amigo Tomás. Describes bien tu punto de vista, que comparto pero tanto como que no sirve para nada... Ejemplo: Intenta pasar un par de días sin comer y verás cómo te grita.
    Algo es algo colega.

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  2. Hola Pedro, yo no digo que se pueda sobrevivir sin alimento, ojalá, porque con el hambre que hay en el mundo...Yo sólo pongo en tela de juicio el conocimiento del interior del cuerpo humano con sus sofisticadísimos sistemas y no porque no sean así, simplemente porque me resulta chocante que todo el mundo asegura entender de todo cuando en realidad somos unos ignorantes de mucho cuidado, por supuesto el primero yo, que cada día me entero de algo nuevo o alguna nueva función que ejecuta mi cuerpo para mantenerme con vida y yo sin enterarme.

    Y ahora, ya de coña, eres un destriparelatillos...jajajaja.

    Abrazos Trinidad.

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  3. Si es que no somos perfectos...pero qué haríamos sin él?,lo necesitamos a pesar nuestro!!!

    Me ha gustado tu desarrollo,jaja!!

    Un besito!!

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  4. Ok. con lo que has dicho, vale, eso es cuando todo funciona más o menos con coherencia. Se come, se asimila lo que conviene y se deshecha en el inodoro lo que no sirve. Pero ¿y cuando se tardan días en desprender/deshechar el asunto? ¿se trataría entonces de una imperfección divina?.
    Jolínes, Tomás, eres la caña... jajaja.

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  5. Hola Towanda, a eso la mayoría lo llamamos atranque o en su defecto estreñimiento, aunque seguro que tiene su nombre técnico. Por supuesto Dios en esos casos se lava las manos y mira para otro lado, no iba él a aceptar un error de diseño, faltaría más....Y pensar que Dios debe de ser un gran tipo que las religiones echan a perder.

    De todo se puede hablar....menos de lo que se calla.

    Besotes reguapa.

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  6. Y cuando pienso que hay quien tiene hasta mariposas en el estómago???...
    Sí, hasta se siente por él :P
    Besín, Tomás.

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  7. MUY BUENO JAJAJAJ. QUE PASES UN BUEN FIN DE SEMANA. MARUJA.

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