lunes, 12 de diciembre de 2011

De matanza.



Evaristo que sentía nostalgia de sus años mozos cuando ayudaba a su madre con el despiece y fileteado en la carnicería, aprovechando los rigores del invierno, ha organizado esta fría mañana de diciembre la tradicional fiesta culinaria de la matanza. Para ello, amparado en la soledad de la noche, ha traído hasta el portal de su edificio al cerdo criado en el patio trasero del restaurante chino de su amigo Chon Tse. Con las primeras luces del alba lo ha degollado en el mismo rellano para elaborar con su sangre las riquísimas morcillas que tanto gustan en casa, como estaba él solo bregando con todo al mismo tiempo se le ha escapado el animal en un descuido, y en un momento ha quedado todo salpicado por el pobre cerdo, que corría despavorido escaleras arriba y abajo intentando escapar de una muerte segura, menos mal que rápidamente mi amigo lo ha podido sujetar de nuevo y no se ha desperdiciado toda la sangre. Poco a poco, cada vez más animado, ha ido rememorando tiempos pasados y en un santiamén ha desviscerado al cerdo. Cuando ya tenía al animal abierto en canal, colgado de una improvisada polea instalada junto a la lámpara del techo y estaba volviendo a afilar los cuchillos para ir sacándole los lomos, las mantas de tocino y los jamones, ha bajado la vecina del quinto derecha, que es muy madrugadora, a realizar su paseo matutino por el parque del barrio. Cuál no ha sido su sorpresa, nada más poner sus pies fuera del ascensor, que ha sufrido repentinamente una crisis de ansiedad, poniéndose a chillar como una loca. Evaristo, enseguida, previendo que la trastornada mujer se hiciera daño a si misma por el estado nervioso en el que ha entrado, se ha dirigido corriendo hacía ella, sin siquiera pararse a dejar el cuchillo de grandes dimensiones que en ese momento estaba terminando de afilar, tratando de tranquilizarla le ha prometido a viva voz que le regalará un jamón si se calla de una vez porque le estaba poniendo muy nervioso e iba ha conseguir despertar a todo el vecindario. Pero por lo visto, mi amigo no ha terminado de ser muy convincente, y justo antes de que el bueno de Evaristo haya llegado siquiera a su altura para poder sostenerla, ella se ha desplomado en el suelo como un peso muerto. Rápidamente, temiendo que hubiese sufrido una parada cardiorrespiratoria, le ha soltado la chaqueta y la blusa para realizarle un masaje cardiaco mientras también le insuflaba aire a sus pulmones. Alertados por el escándalo, un gran número de vecinos han bajado atropelladamente por las escaleras, creyendo que se había desatado un incendio o algo peor. Según han ido accediendo al portón se han quedado atónitos por la dantesca escena que estaban contemplando y más de uno ha vuelto corriendo por donde venía. Sin embargo, los más valientes, se han abalanzado hacía él y lo han reducido en el suelo mientras éste totalmente desconcertado gritaba que si es que se habían vuelto locos, que lo que tenían que hacer era avisar a una ambulancia para la pobre vecina. Menos mal que la pobre mujer ha recobrado rápidamente el conocimiento y poco a poco ha ido aclarándose el terrible malentendido, quedando todo en una bronca monumental y la amenaza de conseguir una orden de desalojo para Evaristo.
Gracias a Dios la cosa no ha pasado a mayores porque su abuela, que es la presidente de la comunidad y la novia del padre del comisario, ha conseguido, tras una ardua negociación, apaciguarlos asegurando que este invierno habrá embutidos gratis para todos y para la vecina del quinto derecha además un par de jamones bien curados.


                                                                           acróbata

7 comentarios:

  1. Esta vez Evaristo vuelve a salir indemne gracias a un par de jamones.
    Y es que abuela sólo hay una...
    Besos, Tomás.

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  2. Y ¿qué pasó con el cerdo?.
    Acabaría por ahí desangrado y solo.

    ¡Qué bueno, Tomás! No sabía que la abuela era la novia del padre del comisario ¡pardiez!, esta familia no tiene desperdicio, como suelen decir de los cerdos... que todo se aprovecha.
    Besos, Acróbata.

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  3. Muchas gracias por vuestro paso por aquí.

    Principalmente yo saco dos lecturas de esta aventura de mi buen amigo Evaristo:
    Una, qué fácil es sacar conclusiones precipitadas.
    Dos, qué rápido se vende la gente cuando de por medio puede obtener un beneficio.

    Abrazos.

    P.d: Evidentemente a cada cerdo le llega su San Martín, a unos antes a otros después....Una pena por él, pero que ricos están los productos obtenidos de el cerdito.

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  4. Ay Evaristo, cuchillo en mano, qué horrorrrrrr!!!! Malentendidos no le faltan...

    Saludo enorme, Tomás. Buenas noches.

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  5. Jajaja, una divertida entrada,sobre todo por la imagen del pobre cerdito corriendo medio degollado escaleras arriba y abajo...
    A mi me pasó con un pato.. no veas como corria el condenado sin cuello...

    En fin... me gustó el texto que relata a la perfección que los malos entendidos y los juicios rápidos no son un buen negocio...
    el pobre se quedó casi sin cerdo, entre tanto vecino a repartir...
    y es que... seguro que hasta los que se volvieron escaleras arriba se apuntaron al reparto de embutidos...

    Estas cosas mejor hacerlas en algun lugar lejos del vecindario.. jeje..

    besitos mediterráneos.

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  6. Suerte de la abuela.
    Que vecinos tan irascibles...

    Saludos.

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  7. Jajajajajajajaja, me encanta tu Evaristo y sus historias, inocentemente siempre acaba armando un descomunal belen!!! demostrado que además de ser un buen señor es un gran educador ;) ( le mando una camiseta para su siguiente matanza, porque a tanta repartición se va a quedar sin viandas, en ella se lee: ¡¡ señor@s no se hagan tan mala sangre!!

    Besos

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