lunes, 31 de octubre de 2011

Truco o trato.


Aprovechando estas fechas tan señaladas de caramelos, velas, flores y calabazas mi amigo Evaristo se ha propuesto una manera muy particular de aunar ambas costumbres tan contrapuestas.
Pues si bien antes estos eran días de recogimiento, visitas a los cementerios y lágrimas por los que ya no están entre nosotros, ahora para los más jóvenes y también para los que no soportan el aroma que desprenden los velones de cera en cada rincón de casa (y no por el olor en sí, sino más bien por el significado que conlleva) se ha convertido en una fecha más de celebración y jolgorio. Una especie de Carnaval siniestro de una sola noche donde, con la ya consabida fórmula del truco o trato, tanto los pequeños como los no tan pequeños dan rienda suelta a sus ganas de huir de la otrora oscuridad reinante en la mayoría de los hogares. Pues raro era que si no faltaba la abuela (que en Gloria esté), faltase el abuelo (que no se sabe si estará muerto o no, aunque para el caso es lo mismo, pues desde que salió hace ya veinte años a comprar tabaco aún no ha regresado).
Así que Evaristo ni por asomo ha dudado un momento en disfrazarse de vieja dama de la muerte con su negra capa encapuchada y su afilada guadaña entre las manos para realizar su particular fiesta de Halloween. Como su economía anda algo más que pachucha y no entra en su presupuesto el gastar ni un solo céntimo en asistir a alguna de las muchas fiestas nocturnas que proliferan como hongos por los bares del barrio, ha pensado en montarse su particular celebración en el interior del ascensor de su bloque de viviendas (al fin y al cabo es el sitio más frecuentado que se le ha ocurrido). Para ello no ha dudado en redecorarlo, acorde con el momento, con un sin fin de telarañas cosechadas de la cocina del restaurante chino de su amigo Chon Tse, una enorme calabaza que amarrada del techo más parece un decapitado, por lo lograda que está la caracterización del rostro, que una hortaliza agujereada y además ha rociado de manera primorosa las paredes del pequeño elevador con pintura roja, ni que decir tiene que nada más ha dejado la parpadeante luz de emergencia como única y siniestra iluminación. La verdad es que hay que reconocer que se le ha quedado realmente lograda la escenificación de las puertas del infierno. Eso sí, para no dar de lado completamente a las tradiciones que él tanto respeta, aunque no comparta, también ha tenido el detalle de instalar un pequeño altar con toda clase de estampitas de Santos, Vírgenes y demás iconografía religiosa con un gran velón encarnado encendido para que no les falte luz a los difuntos en su peregrinaje en busca de su descanso eterno. Se las promete muy felices mi buen amigo para esta noche, y más si tenemos en cuenta que a pesar de varios ataques de nervios de algunas vecinas algo histéricas, que apenas si lo han visto a él disfrazado a la puerta del ascensor, está siendo ya, desde primera hora, todo un éxito su iniciativa dentro del vecindario joven, pues nada más conocer que Evaristo está preparando una fiesta dentro del elevador, no paran una y otra vez de querer montarse con él para que los pasee piso arriba, piso abajo. Ya veremos como termina la noche, pues aún son muchos los vecinos que creyendo el ascensor averiado a consecuencia del tiempo que lo ha tenido Evaristo pillado para decorarlo, han preferido, temiendo quedarse encerrados, hacer uso de las escaleras.
Por si acaso, yo, después de contemplar lo vivido que se le ha quedado a Evaristo su “local” para la fiesta de esta noche y lo real que queda su disfraz en ese ambiente, me he permitido contratarle a un viejo amigo mío, que trabaja en una compañía aseguradora, una póliza a todo riesgo de ese ascensor para las próximas veinticuatro horas. Ya se sabe, las fiestas de mi buen amigo Evaristo nunca te imaginas como pueden llegar a terminar y para eso estamos los amigos, para echarle un cabo por si acaso la cosa se pone fea. No es por nada, pero es que la media de edad de los vecinos de escalera de mi amigo, supera con creces los sesenta y claro el que no padece del corazón seguro que esta noche cuando abra la puerta del ascensor, a la hora de bajar la basura, y se encuentre semejante panorama va a sufrir una dura prueba cardiaca, que igual le acerca de golpe hasta el umbral donde quizás le esperan sus difuntos.



acróbata

7 comentarios:

  1. Imagino la escena, muy a lo Evaristo.Esperemos que todo termine bien. Pero bueno, ya está asegurado!

    Muchos caramelos para vos, Tomás.

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  2. ...Y no sabría que elegir jajajaja. El truco desde luego parece del todo inolvidable ( este Evaristo me cae mejor que bien) y aunque el susto bien valga alguna muerte, quizás sea la forma más dulce de encontrarse con los que estan al otro lado...( para que llenar los cementerios de flores si las podrán dar en persona jajaja

    Desde aquí te mando algunos dulces para el que salga vivo.

    Gracias por las risas acróbata :)) Un abrazo uuuuhhh

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  3. Para los vecinos será una noche inolvidable.

    Saludos.

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  4. ¡Qué noche espera al vecindario!. No sabría si decidirme por el truco o por el trato.
    Este Evaristo es genial, quiere quitarse de un plumazo unas cuantas pensiones...

    Jajajaja, gracias por un haloween divertidísimo.
    Besos y que lo disfrutéis.

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  5. Jobar con el Evaristo! ya me imagino en pijama y quedándose tieso a más de uno
    Un saludo

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  6. Muchas gracias por vuestras palabras.

    Sin bajas que reseñar pasó la noche, estos vecinos de Evaristo por lo visto ya están hechos a todo.

    Abrazos.

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  7. :)
    Es que Evaristo de ascensorista puede ser mortal ;)

    Besos, acróbata.

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