sábado, 8 de octubre de 2011

El encuentro.


Si yo creyese a pies juntillas en esa antigua ciencia tan ligada al género humano llamada suavemente rumorología, (cotilleo puro y duro diría aquel), igual, llevado por los comentarios del vecindario y por lo que vengo observando en estos últimos días, tendría que afirmar que mi buen amigo Evaristo se ha echado novia. Y no sólo eso, incluso osaría ir más allá, e iría puliendo las campanas de la iglesia para que en un no muy lejano día anunciaran tañendo en todo su esplendor: ¡Vivan los novios! Bueno, más que las campanas de la iglesia, dejémoslo en el radiocasete de Justo el luciérnaga, el portero ciego que guarda con mirada clarividente la puerta de los juzgados ante la intrusión de los malhechores y demás almas depravadas, que igual que entran por la puerta de atrás esposados, salen cargándose de razones por la de delante. Pero como mi amigo Evaristo es la excepción que rompe todas las reglas, mejor no adelantar acontecimientos, aunque no por eso no me sorprendan sus andanzas y pase a compartirlas:

Así, cómo explicar si no, eso de que tras llevarle el par de novelas de títulos intimidatorios, al improvisado hogar bajo el puente de la rambla, que se ha construido la joven vagabunda de pelo triguero, mejillas de terciopelo y mirada de cielo, apenas un día después, vaya también a visitarla con más libros bajo el brazo y, según cuenta la celosa cajera del supermercado de la esquina, se pase allí gran parte de la tarde recitándole versos que lee de esos libros tan cursis. Cómo explicar que al día siguiente haga lo mismo pero además visite previamente el supermercado y compre una botella de cava, un surtido de sabrosos pastelillos de miel e incluso una caja de bombones para agasajar a su rubia compañera de tertulias literarias. Cómo explicar que de pronto le haya dado por cuidar más su indumentaria y salga hecho un dandy cada vez que se acerca al refugio de esa mujer, nada de disfraces ni pintas estrafalarias. Cómo explicar que ya no conforme con pasarse con ella gran parte de las tardes también se la lleve cada mediodía a comer al restaurante chino de su amigo Chon Tse, eso sí, la comida la llevan ellos después de comprarla, para más rabia de la cajera, en el supermercado de la esquina. Cómo explicar que después de llevarla al salón de belleza de una morosa a la que no hay manera de cobrarle ni una sola factura para que la ponga aún más guapa y comprarle un nuevo vestuario más acorde a su edad, se la haya presentado a su abuela, a sus sobrinos y a su hermana, lo cual dicho sea de paso ha terminado por poner hecha una furia a la cajera del supermercado, que no es que estuviese enamorada de Evaristo, es que es celosa por naturaleza, y a este paso se nos queda soltera. Y lo más difícil de explicar, cómo definir una relación en la cual la joven indigente ha terminado instalándose a tiempo completo en su vida, en su casa, en su habitación, en su cama Llenando de pasión todos sus minutos, horas, noches, vida Y en la cual sólo tienen ojos el uno para el otro, y el resto del vecindario para ellos. Los unos por descubrir la belleza de una chica que limpia y bien vestida se ha quitado de encima más años que mugre y mira que mugre llevaba para cargar un tren, y las otras más por pena y desespero que por otra cosa, pues, aunque quizás esté feo decirlo, Evaristo siempre ha sido considerado en el barrio, por un buen número de señoras bien casadas, el tipo raro para un buen rato, pero no el hombre previsible para una vida monótona. Y claro, por lo visto va a ser lo segundo dejando de lado lo primero.
Cómo llamar a una relación donde no se separan ni de noche ni de día y a todas partes van tan juntos que ya nadie sabe dónde termina uno y dónde comienza el otroCómo llamarla si no es noviazgo y de los que dan fuerte, fuerte.

Pues bien, según Evaristo no son novios, simplemente está tratando de convencerla sutilmente para que respete su terreno y sus relaciones de amistad, y ya de paso conociéndose a fondo, pues viendo que comparten gustos en cuanto a literatura, gastronomía y amor al reino animalPues como él dice:
-Habrá que continuar viendo hasta dónde llega este increíble paralelismo existencial que compartimos Sara y yo.
Y digo yo:
-Quiénes somos los demás para buscarle explicaciones a la vida de Evaristo, sólo él es el responsable de sus actos y decisiones, acaso no tenemos cada uno bastante con nuestras vidas.
En fin, el tiempo y las circunstancias dirán si esa chica será la pareja estable de Evaristo o acaso sólo es una nueva aventura en la vida de mi amigo, no sé, ya veremos

acróbata

3 comentarios:

  1. Hay muchos hombres como Evaristo, pero que hayan sido así como dices casi toda su vida no quiere decir que no puedan cambiar. Wow, me encanta como escribes, la calidad de tu escritura es hermosa... me encanta seguirte n.n

    Un abrazo¡

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  2. Evaristo con novia... snif.
    Me alegro muchísimo por él si llegan algún día a serlo y si no lo son nunca, pues también.
    Yo le tengo cierto aprecio a Evaristo y si él es feliz, pues, a mi manera, yo también lo soy.

    Besos al soltero de oro.
    Un abrazote, Tomás.

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  3. Sara y Evaristo. Evaristo y Sara. Ya lo imagino escribiendo sus nombres en un árbol...
    La cajera se lo perdió!!!

    Saludotes muchos, Tomás. Que tengas lindo domingo.

    (Seguimos temblando...)

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