jueves, 6 de octubre de 2011

El desencuentro.


Estos últimos días he notado a mi amigo Evaristo de muy mal humor, camina todo el rato con la mirada gacha, murmurando por lo bajo toda clase de sapos y culebras. Ya apenas si sale a pasear por el parque, va de casa al trabajo y de éste a casa, y si no tiene encargos laborales merecedores de su atención casi ni abandona el portón de su hogar, todo lo más se acerca hasta el restaurante chino de la calle de atrás para ayudar a Chon Tse a descuartizar los pollos de engorde, que crían en el patio trasero de su local. Y porque a esto no se puede resistir, le trae tantos bellos recuerdos de cuando su difunto padre tenía la carnicería del barrio y él en su tierna niñez le ayudaba en el despiece.

Así que cansado de verle tan taciturno, esta mañana cuando he pasado por delante de la portería de su edificio, aprovechando que estaba en la puerta ojeando un catálogo de venta de novelas, me he parado un rato a hablar con él y después de intentar sacarle varios temas de conversación, viendo que no soltaba prenda, le he preguntado directamente que le pasaba conmigo. Evaristo enseguida me ha contestado que por supuesto conmigo no tenía nada, que se encontraba muy enfadado con la vecina nueva que había llegado a la calle, pues no paraba de sisarle terreno quitándole a sus amigos:
- ¡Que se vaya a su barrio a avasallar de esa manera a sus vecinos!
Además, encima, me ha asegurado que esa mujer estaba un poco desequilibrada:
 -Mira que darle de comer a su perro de los contenedores donde Chon Tse tira los desperdicios del restaurante.
Añadiendo realmente consternado:
-Acaso no sabe que cuando estos orientales tiran algo es porque ya no vale ni para la basura.
Ante esta retahíla de mi amigo me he quedado de una pieza, pues si se refería a la mujer joven que desde hacía poco vagabundeaba por allí, ni me imaginaba que podía haber pasado entre los dos, por lo que le he insistido para que me contara que diablos le había hecho ella. Evaristo, visiblemente indignado, ha empezado a contármelo todo con pelos y señales:
- Al principio llegó al barrio algo cortada, se conformaba con darle juego a su sarnoso perro y a un par de gatos renegados que no tienen amigos ni entre su familia. Pero una tarde, a última hora, en la que iba yo cargado de camino al parque con un saco de pienso de veinticinco kilos y la garrafa de agua para darles la cena a todos mis amigos, al verla parada en medio de la calle sin hacer nada le pregunté: Oye, ¿puedes ayudarme a llevar todo esto hasta allí?
>>Y ella, aunque no me contestó, enseguida cogió de mis manos la garrafa de agua acompañándome hasta la esquina del estanque, donde ya sabes que suelo ponerles la comida a mis perros y gatos, bueno, hasta algún que otro conejillo de indias, de los que se escaparon de la tienda de animales, se acerca tímidamente.

Viendo que se callaba de golpe y daba una patada al aire, le he preguntado que es lo que le pasaba ahora:
-Nada, la culpa es mía por darle esa confianza, maldito sea el día que se me ocurrió pedirle ayuda y darle un poco de charla presentándole a mis mascotas.- Callándose otra vez de golpe mientras no paraba de mover la cabeza.

-¿Y eso? - He vuelto a insistirle yo, tratando de sacarlo una vez más de esos repentinos mutismos suyos.

-Pues porque ahora, como no para de maleducarlas, dándoles a todas horas de comer de la basura, la siguen a todas partes como si fuera la flautista de Hamelín, mientras que a mí prácticamente me ignoran. Encima es una loca enfermiza, ¿es que no sabe que la basura les acaba por sentar fatal y se ponen malitos?
Llegados a este punto, Evaristo, como casi siempre, me tenía desarmado con su extraño modo de ver el mundo y ese repentino ataque de celos que sufría, así que sólo me he atrevido a preguntarle como pensaba resolver el problema, a lo que él me ha contestado con una pícara sonrisa en los labios:

-Pues aún no lo tengo del todo muy claro, me gustaría convencerla de forma pacífica y civilizada que deje de engatusar a mis mascotas, pero si esta mujer no se viene a razones intentaré persuadirla de manera sutil y a la vez intimidatoria, por supuesto sin hacer uso de la violencia, ya sabes como la odio, así que estoy pensando como primera medida disuasoria el regalarle un par de novelas cuyo título la llamen a la reflexión, a ver si así decide el irse por donde mismo llegó, o al menos si se queda por aquí, que aprenda a respetar el difícil equilibrio existente entre los distintos habitantes del barrio. 


acróbata

9 comentarios:

  1. Ay, pobre Evaristo... es que sienta muy mal eso de que de pronto todos hagan más caso a un advenedizo, ¿eh? Pero si los libros son los que has puesto arriba, me parece un poco fuerte regalarle Crónica De Una Muerte Anunciada... supongo que como aviso, ¿no? Recuerdo que esa novela me gustó mucho cuando tuve mi etapa de García Márquez, a los quince. Después quedé saturada y siento decir que hace muchos años que no leo nada de él, se me pasó.
    Muchos besitos.

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  2. Muchas gracias Jana por tu paso por aquí. También le podía haber regalado "A sangre fría" de Truman Capote...jajajaj. En fin, que fácil es romper el equilibrio que se mantiene sobre una cuerda tensa en lo alto de un vecindario. Seguro que esta nueva aventura de mi amigo no queda aquí, a ver que resultado da esta estrategia suya tan literaria.

    Abrazos.

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  3. Evaristo y sus desencuentros, pero bueno, es que nadie entiende su particular mundo. Y menos esa advenediza!

    Saludos muchos y linda noche desde mi tarde.

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  4. Si yo fuera la loca, dado mi comentario bajo la foto de las novelas, entenderás, que seguiría jugueteando con las mascotas, ;)

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  5. Yo creo que con esos títulos será más que suficiente para que esa advenediza se de por aludida, sin emplear la violencia.
    Abrazos.

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  6. Hola Tomás!!
    Qué bien has llevado la historia,jaja,me gusta esa soltura que tienes al escribir,donde todo parece tan normal y real.
    Pobre Evaristo,lo tiene difícil,a pesar de los títulos de los libros,a lo mejor no se siente aludida,jaja.

    Un abrazo Tomás!!

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  7. Crímen y Castigo tampoco hubiera estado mal.

    Saludos.

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  8. Estoy con Evaristo y creo que ha sido muy sutil en la elección de las novelas. Yo le hubiera regalado la peli "La matanza de Texas" o alguna de ese calibre, jajajaja.

    Te parecerá una tontería pero lo que le ha pasado a nuestro amigo es duro. Confía en alguien, le presenta a sus amigos y éste (en este caso ésta) se queda con todo el protagonismo y le da un patadón en el cu**...

    Ánimo Evaristo que tú eres un tío de recursos.
    Un abrazo, Tomás.

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  9. Después de una larga ausencia, regreso...un placer leerte de nuevo. Besos!!

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