jueves, 8 de septiembre de 2011

No hay tregua.


Mi amigo Evaristo, cansado últimamente de pedir explicaciones en vano a los adoctrinados interventores de la sucursal bancaria donde tiene guardados sus pocos dineros, cuando comprueba consternado como su libreta de ahorros es asaltada sin miramientos cada seis meses por dicha Caja, cobrándole unas desproporcionadas comisiones bancarias sin apenas realizar ninguna labor, más allá de descontarle cada mes de sus escasos ingresos los distintos recibos domiciliados, ha decidido pasar a la acción. Así lleva ya algunos días dando tarea de lo lindo a los antipáticos cajeros de las tres sucursales del pueblo.
La otra mañana sin ir más lejos se acercó a la sucursal más cercana del barrio y sacó justo un euro por encima de la cantidad estipulada como mínimo para no hacer uso del cajero automático. Después, ni corto ni perezoso, se acercó paseando tranquilamente a la segunda de las oficinas bancarias y pidió que se lo cambiasen todo en monedas de entre cinco, dos y un céntimo de euro, para a continuación, con toda la calderilla cargada en una carretilla, a la que incorporó un cartelito pegado bien visible en ambos laterales donde se podía leer su reclamación, llevarla a la oficina principal. Una vez allí, tras coger un pequeño puñado de monedas al azar entre sus manos y echarlas al aire a ver si  volaban de la misma manera que cuando era la Caja quien se las guardaba, pidió al interventor de turno realizar de nuevo un ingreso con el resto del contenido que transportaba. Por supuesto cuando éste le preguntó la cantidad a ingresar, mi amigo tranquilamente le explicó, con el mismo desparpajo que éste le trató no hace tanto, que no conocía exactamente cuanto dinero había en la carretilla, y muy educadamente Evaristo le pidió que le ayudase, si no era molestia, a contarlo. En un principio, incluso se negó el sorprendido cajero a proporcionarle ayuda. Claro que como Evaristo comenzó de inmediato a contar las monedas, a voz en grito, sentándose en el suelo justo en mitad del impoluto suelo de mármol de la oficina, haciendo pequeños montoncitos en cada losa que le rodeaba, pues no les quedó más remedio a todos los empleados presentes que ayudarle para descongestionar la atestada sucursal.
De esta guisa, cada día, idea una nueva manera para sacarle rendimiento a las comisiones bancarias que con tanto descaro descuenta a los sufridos consumidores su tan querida Caja de Ahorros, por lo menos ya que cobran casi hasta por respira que hagan algo de mantenimiento real de las cuentas.

Hoy mismo, bien temprano, ha pensado que no estaría de más poner su libreta al día cada vez que sufriese una pequeña modificación. Y como cada poco se ha acercado al cajero para sacar la cantidad más pequeña estipulada, pidiendo por supuesto recibos por duplicado de dicha operación, pues sin más remedio ha tenido que poner su cartilla al corriente de dichos cambios. Por supuesto para ello no ha usado el cajero, pues éste no podría explicarle, como Dios manda, de dónde venían esos movimientos bancarios, además ya aprovechando la coyuntura volvía de nuevo a ingresar lo que previamente había sacado.
Al final, el Director de la oficina central del pueblo, realmente preocupado por la vulnerabilidad de su grupo financiero ante semejante ataque que estaba prácticamente colapsando a diario el normal funcionamiento de las tres sucursales locales de la Caja Regional de Ahorros, temiendo un contagio a consecuencia de lo bien que estaba cayendo la iniciativa de Evaristo entre los vecinos del municipio, ha intentado negociar un alto el fuego con mi amigo, ofreciéndole con una marcada sonrisa en su rostro y por supuesto tratándolo como si fuesen amigos de toda la vida, abonarle sólo la parte proporcional de las comisiones que le permita el programa de ordenador que tienen instalado en su grupo financiero. Esta oferta ha logrado soliviantar realmente a Evaristo, pues como bien dice él, en su día no negoció la apertura de una cuenta bancaria con un ordenador, sino con un interventor de carne y hueso, por lo tanto, él no tiene que atenerse a lo que diga una máquina, que por cierto, únicamente estipula lo que antes le han programado.

Me parece a mí que este Director, otrora tan lleno de suficiencia, no se imagina con quién se está jugando los cuartos, hasta ahora mi amigo ha tomado estas medidas de presión sin recurrir a su rico vestuario de disfraces. No quiero ni pensar la reacción de clientes y trabajadores bancarios cuando mañana vuelva a la carga contra los abusos de las comisiones vestido para la ocasión de buitre carroñero.


                                                                  acróbata

9 comentarios:

  1. Evaristo es un crack y tiene esa forma tan canalla (que me encanta) de tomarse la vida que me tiene "pillada".
    Además es que tiene razón en atacar a los bancos que nos sangran a todos con sus malditas comisiones...
    Felicidades, Evaristo.
    Un abrazo enorme, Acróbata.

    ResponderEliminar
  2. EStoy con Towanda en su apreciación de Evaristo... un genio, con un buen par..
    La verdad es que necesitamos mas Evaristos, tal vez no podamos ganar la batalla, pero al menos,a los afurtunados banqueros del pueblo de Evaristo no les está haciendo ninguna gracia... y es que esto de comer de tu propia medicina es algo que no esperaban.

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  3. Ja, ja, ja... Yo ando de bancos ultimamente ¡ no me des ideas!!!!!

    Estaría buenísimo ver como el señor ventanilla, que hasta ayer mostraba una magnífica sonrisa, se arrodilla junto a mi a contar moneditas...

    Bravo por la destreza de Evaristo, doble bravo por tu ironía al describirlo ;)) :)

    Besikos sin moneditas y sin comisión...

    NAMASTÉ

    ResponderEliminar
  4. Muchas gracias por vuestro paso por aquí.

    Nada más que añadir que Evaristo es mi héroe, no sé, ahora que lo pienso siempre he sido más de antihéroes que de héroes...Me tendré que mirar esto...????...jajajaj, no lo creo, por lo visto no soy el único.

    Abrazos sin comisiones.

    ResponderEliminar
  5. Jajajaj Es todo un personaje ya Evaristo.
    Yo por si acaso seguiré dejando mis ahorrillos debajo del colchón...
    Besos, acróbata.

    ResponderEliminar
  6. El bueno de Evaristo siempre dando ideas, jajajaja, es una autentica joya, cada día lo quiero mas.
    Abrazos.

    ResponderEliminar
  7. Jajaja Evaristo es un ejemplo a seguir. Me parece perfecta su actitud hacia esos buitres. Si te es posible, transmítele mis felicitaciones.
    Un abrazo !

    ResponderEliminar
  8. Esa Caja tiene los días contados.
    No saben con quien se están jugando los cuartos (nunca mejor dicho).

    Saludos.

    ResponderEliminar
  9. Bravo por Evaristo, pero no olvidemos que tanto el cajero, como el interventor, pueden hacerse la manicura todos los días y no tener garras de buitres.
    Son en otras mas superiores estancias, donde hay que descargar las carretillas de inmundicias y calderilla.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar